jueves, 21 de marzo de 2019

DESAFÍOS EN EL SERMÓN DEL MONTE - Parte 4


Este fue uno de los ensayos presentados que ganó el concurso con motivo del VIII Congreso de la Juventud Presbiteriana en el Perú: Trujillo 2019 titulado "Desafíos para los cristianos latinoamericanos basados en el Sermón del Monte" (Parte 4) escrito por Germán Casanova, del equipo de Diálogos de Esperanza.


DESAFIO 4 – LUCHA CONTRA LA FALSA RELIGIOSIDAD FANÁTICA IDOLÁTRICA Y DUALISTA

Un desafío puede manifestarse también a través de una advertencia. Uno no solo aprende de los aciertos, sino también de los desaciertos. Jesús incluye una sección de advertencias en el Sermón del Monte a “guardarse” de la falsa religiosidad, así como surgió con los religiosos hipócritas de la época (Mateo 6:1-18).

Surge algo paradójico aquí, porque la crítica del obrar delante de los hombres, es promovida versículos anteriores. Aquí, Jesús menciona la triada religiosa de las limosnas, oraciones, y ayunos, de las cuales estos hipócritas no carecían, sino que las realizaban para glorificarse a sí mismos, en búsqueda del aplauso y reconocimiento para sus partidos religiosos. Este sigue siendo el problema de la iglesia el día de hoy, y hasta se ha teologizado. La corriente eclesiocéntrica, evalúa la cristiandad y espiritualidad en términos del involucramiento y participación en la estructura llamada iglesia, y lo expreso en estos términos porque la iglesia son las personas y no la organización. Se mide la fidelidad a Dios en términos de la fidelidad eclesiástica. John A Mackay nos advierte en no convertir a la estructura en un fin en sí mismo[1], cuando el fin es el propósito y misión del Reino de Dios.
En el Sermón del Monte, Jesús les recuerda a estos fanáticos que la misión evangelizadora busca que las personas sean más humanas con el prójimo que religiosas. Pero aquí nos topamos con otro desafío que ha producido el eclesiocentrismo en los cristianos: el dualismo entre iglesia y mundo. Muchos cristianos no quieren saber nada del mundo y de su humanidad porque todo es pecaminoso. Siguen un camino espiritual y místico totalmente divorciado con la materialidad[2] de la vida. Esto se ha vuelto una expresión religiosa, mal guiados y enseñados, de que Dios no está interesado en el mundo y su historia. Es muy pertinente el comentario de John Stott sobre este punto:

“el Dios vivo es el Dios de la naturaleza además de ser el Dios de la religión, de lo «secular» además de lo «sagrado». Ya que todo es «sagrado», pues todo le pertenece, y nada es «secular», por cuanto nada le es ajeno… Deberíamos ser más agradecidos de lo que generalmente somos por los buenos dones de un Creador bueno: el sexo, el matrimonio y la familia; la belleza y el orden del mundo natural; el trabajo y el tiempo libre; la amistad y la experiencia de participar de una comunidad interracial e intercultural; la música y otras manifestaciones del arte creativo que enriquecen la vida humana. A menudo nuestro Dios es demasiado pequeño porque es demasiado religioso. Nos parece que sólo le interesa la religión: los edificios religiosos (templos y capillas), las actividades religiosas (la adoración y la liturgia) y los libros religiosos (la Biblia y libros devocionales). Por cierto, esto le interesa, pero sólo si se relaciona con toda la vida.[3]

El desafío es la secularización de nuestro mensaje. Como Iglesia estamos dentro de la sociedad y nuestras preocupaciones y búsquedas deben ser la materialización del Reino de Dios en ella, ante tantas injusticias y perversidades. Algo que llamó mucho mi atención es cuando el Dr. Alberto Roldán señaló que la Iglesia debe convertirse al mundo, y cuestiona retóricamente si esto ¿No debería ser al revés?, en sus palabras:

“Este planteamiento puede resultar provocador… La iglesia no puede abroquelarse en sí misma y no tomar en cuenta al mundo en el sentido de la historia, la cultura y la autonomía de las ciencias. En otras palabras, la iglesia debe hacerse mundo en el sentido de encarnarse en el tiempo y espacio, y sobre todo, encarnarse en la cultura a la cual quiere darle la Buena Nueva.[4]

Los religiosos de la época de Jesús se olvidaron de la vida, para seguir sus ritos y costumbres religiosas, aparentando una falsa glorificación a Dios. Más importante era el programa, estaban totalmente deshumanizados y centrados en su organización farisaica. Que Dios nos libre de caer en esta situación, de idolatrar la estructura eclesiástica, de sobre-concentrarnos en las actividades y programas que de la vida misma, pero sobre todo de olvidarnos que la Misión de Dios está en la historia de “allá” afuera, y que nosotros somos los agentes de la materialización de su Reino.  Esto me hace recordar, que en cierta ocasión donde casi toda la comunidad de la iglesia donde pertenezco se movilizó para llevar a cabo la celebración de nuestro aniversario, un tiempo muy cálido en familia, el Ps Pedro Arana nos recordó que: “una cosa es el trabajo en la Iglesia y otra, el trabajo de la Iglesia”[5]. Con estas palabras felicitaba el esfuerzo de los hermanos, pero a la vez nos exhortaba a tener esa misma disposición para cumplir la misión de la iglesia.

El desafío está en el mundo, no para dar un mensaje religioso divorciado de la realidad y de la vida cotidiana, no para criticar los “malos frutos” de los “malos arboles”, como si se puede esperar algo diferente de una imposición prohibicionista, tampoco viéndolos como clientes a quienes pasamos al siguiente si no nos quieren escuchar. Es necesario preocuparnos realmente por las personas, aprender a escucharlas, al diálogo y ganarnos el derecho de ser escuchados para presentar a Cristo. En las palabras de John Stott:

“Pues si la misión cristiana ha de tener la misión de Cristo por modelo, seguramente implicará que nosotros debemos entrar en el mundo de los demás tal como lo hizo Cristo. En la evangelización, implicará ingresar en el mundo de su pensamiento, su tragedia y su desorientación, con el fin de llevarles a Cristo allí adonde se encuentren”[6].

DESAFIÓ 5 – LA MISIÓN ES COMUNITARIA Y ECUMÉNICA

Por último, es interesante observar el uso constante del plural en el Sermón del Monte. Los bienaventurados son muchos, no se habla de granos de sal o lux de luz sino de “vosotros sois”, una comunidad de sal y luz, las obras que se realizarán en la sociedad es “vuestra” (Mateo 5:16), y aquellos tienen que ser maduros y perfectos como “vuestro Padre es perfecto” (Mateo 5:48). La advertencia de la religiosidad también está en plural, la cual puede manifestarse como una problemática comunitaria (Mateo 6:1). Jesús mismo enseña acercarse a Dios en oración en forma comunitaria “Padre nuestro que estas en los cielos”, y a solicitar el cumplimiento de voluntad y la manifestación de su Reino como parte de su nueva comunidad (Mateo 6:9-15). Estas expresiones plurales no son incidentales porque había un grupo de personas escuchándolo, porque en diversas veces habla sobre las expresiones individuales también. Esto queda completamente claro en un sermón posterior, en donde comisiona a los discípulos en grupo. La misión que tenían que cumplir era en comunidad, y la fundamenta a base de la unión que tenía el Padre con él.

“Tal como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. Pero no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo crea que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.” (Juan 17:18-22) 
Pero esta no es una simple reunión entre discípulos, sino es una experiencia espiritual en la que, en Cristo, estamos sus discípulos místicamente unidos. Esto hace la experiencia cristiana no solamente algo personal, sino comunitaria. El desafío para los cristianos es aprender a vivir y trabajar en comunidad para el avance del Reino de Dios, en una era sumamente individualista. El mensaje de Cristo es de unir a las personas, reconciliarlas, e integrarlas a la comunidad, para enviarlos juntos a la misión. No tenemos por qué trabajar solos.  

Otro de los desafíos es la cooperación ecuménica. La Iglesia de Cristo es una, aunque diversa. Nancy Bedford lo pone en estos términos:

“La ecumenicidad es la contraparte misional de la unidad eclesial, no entendida como uniformidad burocrática sino como una unidad que tiene como modelo la intercompenetración de las tres personas… se regocija en la diversidad de dones… los cuales se manifiestan tanto en las múltiples personalidades y talentos de una congregación local, como en los diversos dones que aportan las diferentes confesiones y denominaciones cristianas a la iglesia universal”[7].  

Debemos aprender a superar nuestras diferencias para que juntos podamos ser aquella Sal y Luz que nuestra sociedad latinoamericana necesita. El trabajo cooperativo es sinérgico, los resultados son mejores, por ser parte es un fruto espiritual llamado amor. Nunca olvidemos que la teología es reflexión humana, y como tal un instrumento para un fin, y no el fin en si mismo. Es en este sentido que John A. Mackay dijo: “Yo puedo decir con entera sinceridad y sin exageración alguna, que soy más presbiteriano en el día de hoy que en cualquier otro momento de mi vida. Pero agrego en seguida que soy al mismo tiempo menos presbiteriano en el día de hoy que en cualquier otro momento de mi vida[8]. Porque entendía que la Iglesia de Cristo es universal y única, pero no uniforme. Esto no es un llamado a las fusiones institucionales o doctrinales sino, como nos recuerda el pastor Pedro Arana que “la proclamación del evangelio y el servicio de amor deben convocarnos a la unidad…que se exprese en formas nuevas de cooperación, una unidad esencial[9].




[1] John A. Mackay. Realidad e idolatría en el cristianismo contemporáneo 49p.
[2] Expreso el termino material, en su sentido físico no económico.
[3] John Stott. La Fe Cristiana Frente a los Desafíos Contemporáneos. 39p.
[4] Alberto Roldan. Atenas y Jerusalén en Dialogo. 197p.
[5] Pedro Arana Quiroz. Aniversario N°45 de la Iglesia Presbiteriana de Pueblo Libre. Diciembre del 2018.
[6] John Stott. La Fe Cristiana Frente a los Desafíos Contemporáneos. 46p.
[7] Nancy E. Beforad en Rene Padilla. La Iglesia Local como Agente de Transformación. 57p.
[8] John A. Mackay. Realidad e idolatría en el cristianismo contemporáneo 17p.
[9] Pedro Arana en Rene Padilla. La Iglesia Local como Agente de Transformación.154p.

DESAFÍOS EN EL SERMÓN DEL MONTE - Parte 3


Este fue uno de los ensayos presentados que ganó el concurso con motivo del VIII Congreso de la Juventud Presbiteriana en el Perú: Trujillo 2019 titulado "Desafíos para los cristianos latinoamericanos basados en el Sermón del Monte" (Parte 3) escrito por Germán Casanova, del equipo de Diálogos de Esperanza.


DESAFÍO 3 – INTEGRIDAD E INFLUENCIA DEL DISCÍPULO EN LA SOCIEDAD

Este desafío está relacionado al mensaje de ser agentes del Reino como “Sal y Luz” en la sociedad donde nos encontramos (Mateo 5:13-16). Es importante notar que los elementos que Jesús usa como metáforas, no se refieren solamente a la conducta del cristiano en la sociedad, sino a su capacidad de influir, salar y alumbrar la insipidez, la corruptibilidad y la oscuridad. Sin tanto especular al respecto, Jesús explica que esta influencia es a través de las buenas obras “delante de los hombres”.

Jesús ya había señalado cómo él y su mensaje beneficiarían aquellos que están en una posición vulnerable, marginada, e injusta de la sociedad humana. Posterior a estos pasajes, enseña sobre la dignidad del ser humano y la importancia de la reconciliación (Mateo 5:21-26), de la integridad personal y la forma de considerar y ver a la mujer (Mateo 5:27-30), de defender a la parte indefensa e inocente cuando un matrimonio se quiebra (Mateo 5:31-32), de la importancia de hablar siempre con verdad (Mateo 5:33-37), de la no venganza y no violencia (Mateo 5:28-32), y del amor lleno de gracia hasta por nuestros enemigos (Mateo 5:43-48). Todos son casos ejemplares de cómo ser Sal y Luz en situaciones concretas de la vida cotidiana en la sociedad. Así que, ser Sal y Luz es una expectativa, una invitación y un desafío a tener un carácter íntegro e influyente en nuestras vocaciones en la sociedad[1].

El desafío de ser íntegros consiste en que nuestro modo de vivir en la sociedad debe corresponder a nuestro mensaje. Una de las frases en latín que más me recuerda del impacto de la Reforma Protestante en la vida cotidiana es “CORAM DEO” que traducido significa “en la presencia de Dios”, pero llegó a ser un lema que resumía la idea de “cristianos viviendo en la presencia de Dios, bajo la autoridad de la Palabra de Dios, y para la gloria de Dios”. Con esta frase se daba entender, que no tan solo se está en la presencia de Dios cuando uno se encuentra en el templo, sino en cada momento de nuestra vida, no podemos escapar de su presencia como lo expresa David (Salmos 13:7-9); por lo tanto, todo lo que hagamos en el día y cada detalle de nuestra vida tiene significancia. La exhortación de Jesús sigue vigente: “sean ustedes perfectos, como su Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:48).

El desafío de influir, no es tan solo mostrar y comportarse “cristianamente” sino que es un llamado a tener un efecto en la sociedad con las enseñanzas del “Reino y su justicia” que nos dejó como comisión buscar (Mateo 6:33). No podemos seguir siendo indiferentes y aislándonos de esta sociedad, tenemos un llamado y una responsabilidad de accionar. John Stott comenta sobre este punto que:  

“Como cristianos solemos lamentar la decadencia de las normas del mundo con un aire de consternación farisaica. Criticamos la violencia, la deshonestidad, la inmoralidad, la codicia materialista y la falta de respeto por la vida… ¿Quién tiene la culpa? Permítanme expresarlo en estos términos: Si la casa está a oscuras cuando cae la noche, no tiene sentido culpar a la casa, pues eso es lo que sucede cuando baja el sol. La pregunta que se debe hacer es «¿dónde está la luz?» Si la carne se echa a perder y se vuelve incomible, no tiene sentido culpar a la carne, pues eso es lo que sucede cuando se deja que las bacterias se reproduzcan. La pregunta que se debe hacer es «¿dónde está la sal?» Análogamente, si hay un deterioro de la sociedad y una decadencia de valores, hasta parecerse a la oscuridad de la noche o a un pescado pestilente, no tiene sentido culpar a la sociedad… La pregunta que se debe hacer es «¿dónde está la Iglesia? ¿Por qué la sal y la luz de Jesucristo no están permeando y cambiando la sociedad?»[2]
Uno de los cuestionamientos que me hacía al estudiar estos pasajes era de: ¿Cómo puedo influir en la sociedad que providencialmente Dios me colocó? No tengo ningún cargo ni vocación política como para hacer algo para mi sociedad que tanto carece de justicia y de calidad de vida. Descubrí que el llamado que Dios me estaba haciendo de ser Sal y Luz, no era donde no había me puesto, sino donde actualmente me encuentro.  Soy esposo y padre, y tengo mucho que hacer ahí, soy ingeniero y jefe en la compañía que trabajo, y ahora lucho con mi propio jefe, para condiciones más humanas, pagos más justos y a tiempo, implementando valores de justicia como principios, y tengo mucho más que hacer, especialmente con la corrupción por parte de algunas áreas de la compañía en procesos de licitación. En las oraciones comunitarias de la Iglesia Presbiteriana de Pueblo Libre[3] aprendí que una manera de influir en la sociedad es orando por ella, por sus gobernantes, a que prevalezca la justicia frente toda oposición, por aquellos personajes que arriesgan sus vidas por la verdad para el beneficio de la sociedad, y a que cada tragedia de violencia que pase por los noticieros sean un motivo de ponerme de rodillas y pedir por las personas afectadas, indefensas, y vulnerables, a orar “venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”.

Aunque las oraciones son muy importantes, porque la única manera en que tengamos algún efecto en la sociedad es por medio de la acción del Espíritu Santo, estas no pueden ser de ninguna manera evasivas. Las oraciones nos ponen en responsabilidad, y nuestra misión como iglesia incluye un elemento profético[4], de protesta y denuncia de las injusticias, las falsedades y las iniquidades en el ámbito social y político, tal como lo hicieron los profetas del antiguo testamento en sus contextos, anunciando “un nuevo orden más justo, más solidario y más humano”[5]. Esta protesta puede realizarse en diferentes frentes, según los accesos que tenemos y contamos, dependiendo de la vocación que tengamos. Me ha sido útil el Facebook en algunas circunstancias, pero tal como dice John Stott “la movilización publica es un arma eficaz”[6].

Dios nos ha puesto en ciertos lugares para desarrollarnos como personas y servirle en nuestras familias, vocaciones, iglesia, y en todo lugar que nos ha permitido estar. No tan solo tomemos conciencia de la importancia de nuestra integridad, sino reflexionemos de qué manera podemos influir. Una observación interesante que dice Jesús es que las personas no cristianas que vean aquellas “buenas obras” terminarán “glorificando al Padre”. El ser Sal y Luz son evangelizadoras, solo Cristo puede generar ese cambio en nosotros y ese cambio en nuestra sociedad.


[1] Me refiero a vocaciones porque es en nuestras escuelas, universidades, y trabajos donde pasamos el mayor número de horas en el día.
[2] John Stott. La Fe Cristiana Frente a los Desafíos Contemporáneos. 94p.
[3] Estas son oraciones, parte de la liturgia de la iglesia, escritas en el boletín del programa del culto, y juntamente oramos el que dirige y la comunidad en un mismo sentir.
[4] Ver la teología de la Misión Integral por Rene Padilla, Pedro Arana, Samuel Escobar.
[5] Pedro Arana en Rene Padilla. La Iglesia Local como Agente de Transformación. 156p.
[6] John Stott. La Fe Cristiana Frente a los Desafíos Contemporáneos. 101p.

DESAFÍOS EN EL SERMÓN DEL MONTE - Parte 2

Este fue uno de los ensayos presentados que ganó el concurso con motivo del VIII Congreso de la Juventud Presbiteriana en el Perú: Trujillo 2019 titulado "Desafíos para los cristianos latinoamericanos basados en el Sermón del Monte" (Parte 2) escrito por Germán Casanova, del equipo de Diálogos de Esperanza.


DESAFÍO 2 – MENSAJE CRISTOCÉNTRICO EN UNA ERA POSTMODERNA

Uno de los grandes problemas en la evangelización actual, no es la falta de mensaje, sino el contenido del mensaje. Se habla y expone mucho sin un correcto entendimiento bíblico. Se ofrece salud, dinero, bienestar, experiencia, radicalidad entre otras cosas, y no lo que realmente ofrece las buenas noticias: ¡A CRISTO!

Cristo y su mensaje están relacionados, el mismo Cristo está en su mensaje. Su testimonio no tan sólo lo encontramos en lo que enseño sino como vivió y era su misión. Los evangelistas escribieron para la Iglesia para mostrar cómo era Cristo en misión de forma paradigmática para la misión de la Iglesia. ¡Somos el cuerpo de Cristo! enseña Pablo.

Por ejemplo, las bienaventuranzas describen como Jesús ve y considera a las personas que enlista, más que describir a como éstas se sienten de sí mismas. Es decir, las bienaventuranzas representan una posición de bendición a virtud de su presencia en la sociedad. A los pobres y a los que padecen persecuciones se les ofrece la esperanza del Reino de Dios que vino a inaugurar (Mateo 4:17; Mateo 5:3, 10; Mateo 12:28), a los que lloran se les ofrece consolación; siendo él, “el consolador” (Isaías 40:1—4; Mateo 5:4; Lucas 2:25; Juan 14:16). La heredad está relacionada a lo que Dios entregaba al hombre de forma pactual, y a todas las bendiciones que recibimos es a virtud de su obra (Mateo 5:5), la justicia es materializada por él (Mateo 5:6), la misericordia mostrada por el pueblo (Mateo 5:7), él fue llamado Hijo de Dios y nos mostró el camino para todos pudiéramos a ser partícipes de su familia (Mateo 5:9). Es en Cristo en quien uno ve plenamente a Dios (Mateo 5:8; Juan 1:14; Hebreos 1:1-1). El Sermón del Monte fue un mensaje cristocéntrico, y éste representa una de las claves teológicas para interpretarla: Cristo en misión.

Otro de las claves teológicas para entender el Sermón del Monte es el mensaje repetido de Jesús sobre el Reino de Dios. Recordemos que este fue el mensaje de inicio su ministerio (Mateo 4:17, 23; Marcos 1:15). Es el único beneficio que está en tiempo presente en las bienaventuranzas, además de mencionarla en la primera y la última bendición incluyendo todas las demás bendiciones como subtemas de esta principal[1]. El tema del Reino es mencionado unas ocho veces a lo largo del Sermón del Monte (Mateo 5:3, 10, 19 (dos veces), 20; 6:10, 33; 7:21)[2] de forma directa, pero indirecta muchas más. El mensaje del Reino es la irrupción divina en la historia de la humanidad por medio de su persona y ministerio, para ejecutar su propósito redentor de todo lo creado[3], creando una nueva humanidad viviendo la antesala de sus valores en el presente, y siendo a la vez, instrumentos y mediadores de su materialización en la historia. Como clave de interpretación, Mateo muestra que la iglesia es un agente del Reino, cuya realidad sobrepasa su existencia, pero también la justifica en la sociedad.

El segundo Desafío es no perder de vista lo que realmente significa el evangelio, y nos invita a estudiar, meditar y reflexionar sobre la persona de Cristo, sus enseñanzas y misión. Los programas, las metodologías, y las campañas son únicamente instrumentos y medios para la presentación de Cristo, pero sin Cristo no hay nada. El Ps. Pedro Arana siempre nos recuerda que “Si a los cristianos se les pierde el evangelio, se les perdió todo. Nos quedamos sin identidad. Cualquier cosa se puede hacer en la iglesia, y se convierte en empresa o un club social, ya no, la  Iglesia de Cristo, porque se les perdió el evangelio”[4]. Es en Cristo donde el hombre deshumanizado, encuentra la imagen de Dios, y la restauración de su humanidad. Ese Cristo es el que brinda esperanza, transforma las vidas y nos convierte agentes de su Reino.

El desafío de presentar correctamente el evangelio se intensifica al considerar que vivimos en un contexto histórico al que se conoce como postmodernismo[5]. Las características de esta ideología que permea nuestra cultura, afectando el modo de ver y vivir la realidad, son: (1) El cuestionamiento de la racionalidad, de lo establecido y de lo tradicional,  (2) la apertura a otras formas novedosas de conocimiento (3), esto a su vez, la relativización de la verdad, (4) lo que da apertura al pluralismo religioso y al pluralismo ético[6], entre otros.   
¿Ha afectado el pluralismo al mensaje cristiano? ¿Ha respondido adecuadamente la iglesia a su nueva realidad? Este no es el espacio para hacer críticas a las manifestaciones religiosas de la época, sino para desafiar a los cristianos a ver el posmodernismo como una oportunidad para una mayor reflexión teológica contextual. El pluralismo le da una voz entre voces al evangelio en nuevos espacios sociales, abandonando las hegemonías religiosas de nuestra tradición latinoamericana.  Sin embargo, tenemos que trabajar mucho para que esa voz sea predominante, inteligible y reflexiva a situaciones concretas.  Tenemos que estar dispuestos a recibir críticas, al diálogo, estar al tanto de los acontecimientos importantes de nuestro entorno, a no hablar en difícil como presbiterianos, a no siempre esperar resultados rápidos, a amar genuinamente sin discriminar, a cuestionar lo que tradicionalmente creemos y practicamos para un mayor entendimiento de nuestra fe, a depender del Espíritu Santo cuya obra es eficaz,  y a estar “siempre listos para defenderse, con mansedumbre y respeto, ante aquellos que les pidan explicarles la esperanza” (1 Pedro 3:15) que creemos, porque lo que nunca debemos hacer, es negociar lo que es el evangelio.


[1] Aquí se observa una figura estilística llamada inclusión. Ver. Donald Carsón. El Sermón del Monte. 20p.
[2] No incluyo en la lista la extrapolación que se incluye al final de la Oración del Padrenuestro. En caso de incluirla serian unas nueve veces que menciona “reino” en el sentido de Reino de Dios. Bruce. M. Metzeger. Un Comentario Textual del Nuevo Testamento. 13-14p.
[3] Rene Padilla. El Evangelio Hoy. 26p.
[4] Pedro Arana Quiroz. Sermón: “Pablo, Un místico en Acción” en base a Filipenses 3. Iglesia Presbiteriana de Pueblo Libre. 
[5] No menciono la globalización por ser más un término en el ámbito económico, mientras que el posmodernismo mas cultural.
[6] Alberto Roldan. ¿Para qué sirve la teología? 129p.

DESAFÍOS EN EL SERMÓN DEL MONTE - Parte 1



Este fue uno de los ensayos presentados que ganó el concurso con motivo del VIII Congreso de la Juventud Presbiteriana en el Perú: Trujillo 2019 titulado "Desafíos para los cristianos latinoamericanos basados en el Sermón del Monte" escrito por Germán Casanova, del equipo de Diálogos de Esperanza.

INTRODUCCIÓN
Las lecturas del Sermón del Monte han sido diversas, sin embargo, muy pocas se han efectuado desde latinoamérica, considerando sus problemas espirituales, sociales, políticos, religiosos, entre otros. Jesús desarrolló su evangelización desde la acera de un pueblo oprimido, en el subgrupo de los vulnerables, y es en Galilea donde inicia su ministerio y enmarca el contexto en que Mateo sitúa el Sermón del Monte[1]. Es sumamente interesante, cómo Mateo entrelaza el Sermón del Monte del capítulo 5 con todo lo previamente dicho en el capítulo 4.

 “Cuando Jesús vio a la multitud, subió al monte y se sentó. Entonces sus discípulos se le acercaron,  y él comenzó a enseñarles diciendo” (Mateo 5:1-2)[2]
Jesús no dio simplemente un discurso improvisado de sus ideas teológicas en un vacío existencial, sino que la misma expresión de “abrir su boca para enseñar” (fórmula semítica)[3], apunta a una reflexión previa para un discurso deliberado. Esta meditación previa se encuentra en las palabras del Mateo cuando nos señala que “Jesús vio a la multitud”, lo cual nos hace preguntar ¿Qué vio que lo llevó a dar el discurso del Sermón de Monte? No podemos saber exactamente, pues Jesús mismo no escribió el libro; sin embargo, Mateo estructura su evangelio de tal manera que podamos reconstruir, desde el texto mismo, aquel contexto del cual sitúa a Jesús. La lectura del Sermón del Monte debe considerar estos elementos, además siendo consiente que Mateo fue un intérprete del mismo,  recopilando, traduciendo y organizando este relato a posteriori como enseñanza para la Iglesia[4].

El propósito de este ensayo no es desarrollar en detalle todo el Sermón del Monte, sino rescatar cinco desafíos que Jesús planteó a sus discípulos, quienes iban a continuar la obra misionera que él había iniciado. Estos mismos desafíos los necesitamos hoy, haciéndolos contemporáneos para el liderazgo juvenil presbiteriano, inmersos en la cultura Latinoamérica del siglo XXI, para discernir el Reino de Dios en nuestro momento histórico como marco de nuestra misión como Iglesia.

DESAFÍO 1 – SENSIBILIDAD Y SOLIDARIDAD CRISTOLÓGICA

En este desafío trataremos de responder la pregunta que nos planteamos anteriormente: ¿Qué vio Jesús en la multitud?  Este “ver” no es algo incidental, no era simplemente mirar, sino algo más intencional y común en Jesús (Mateo 3:7; Mateo 9:2; Mateo 9:36; Mateo 14:14; Marcos 2:5; Marcos 6:36; Marcos 12:34). Este ver estaba relacionado a una reflexión de la situación de la multitud que se le acercaba. El siguiente pasaje hace una mejor descripción de lo que pasó en esas primeras líneas del Sermón del Monte.

“Jesús recorría todas las ciudades y las aldeas, y enseñaba en las sinagogas de ellos, predicaba el evangelio del reino y sanaba toda enfermedad y toda dolencia del pueblo.  Al ver las multitudes, Jesús tuvo compasión de ellas porque estaban desamparadas y dispersas, como ovejas que no tienen pastor.” (Mateo 9:35-36)
Jesús al ver la multitud tuvo compasión de ellas, esto nos da luz a qué tipo de personas se le acercaban y a quienes estaba dirigido el Sermón del Monte[5]. En el Capítulo 4, donde Mateo ubica el inicio del Ministerio de Jesús, lo describe recorriendo las ciudades de Galilea. No “Jerusalén” como centro religioso judío donde se encontraba el templo, tampoco “Roma” como la capital del imperio, sino la desestimada y despreciada Galilea: “¿De Nazaret puede salir algo de bueno?” (Juan 1:46), “¿Eres tu galileo? Escudriña y ve que de Galilea nunca se ha levantado profeta”. (Juan 7:52).  

Mateo describe el inicio del ministerio en Galilea citando una antigua profecía en Isaías 9:1-2, describiendo a Cafarnaum, unas de sus ciudades, como un pueblo asentado en tinieblas y en sombra de muerte, y a Jesús como una luz en medio de aquella situación (Mateo 4:12-16). Le sigue un resumen de las personas que a Jesús se le acercaban y atendía con compasión: enfermos, personas que sufrían, atormentados, endemoniados, lunáticos, y paralíticos (Mateo 4:24-25).

En el mismo Sermón del Monte, Jesús se refiere a gente indigente (Mateo 5:3; Lucas 5:20), hambrienta e insatisfecha (Lucas 5:21), desconsolada, en luto y llorando (Mateo 5:4; Lucas 5:21), gente afectada por las injusticias de la sociedad (Mateo 5:5), perseguida, maltratada, odiada, discriminada, menospreciada (Mateo 5:10-11; Lucas 5:22), insultada, peleada (Mateo 5:22-23), entre otros. El Pastor Darío Lopez resume la opción galilea de la siguiente manera:

desde la solidaridad con los indefensos de la sociedad y las victimas de las violencias, desde un compromiso hondo con los menospreciados del mundo, desde los pobres de la tierra, comenzó a proclamarse la buena noticia del reino de Dios. El pregón del reino empezó a proclamarse en Galilea, desde la marginalidad y la insignificancia, y se fue difundiendo desde el mundo de los pobres y los excluidos hacia el centro del poder[6]

Jesús vio toda clase de personas, y no se escandalizó sino se solidarizó con ellas. Vio el pecado y sus efectos nocivos para la humanidad, y desde ahí presentó el Sermón del Monte, como una interpretación de su situación social para presentar su mensaje.

Pero el cuadro más triste que vio Jesús, fue el de personas religiosas que le importaban más su prestigio, sus rituales y su partido religioso que las necesidades del pueblo. Sus actos de aparente preocupación como el dar algunas limosnas eran solamente para el aplauso e intereses políticos (Mateo 6), eran un gremio que pecaba de indiferencia e insensibilidad. En este contexto, Jesús vino a traer ese mensaje de esperanza porque los religiosos no daban ninguna respuesta, las personas “eran como ovejas que no tenían pastor”.

Este es el público que Mateo nos describe de aquel Sermón del Monte. Personas que nadie quería cerca, que estaban al margen de la sociedad, oprimidos por el mismo gremio religioso. Jesús los miro percatándose de su existencia y necesidades, y mostró compasión al acercarse, tocándolos, y ofreciéndoles ayuda, liberándolas de sus opresiones, dando “vida y vida en abundancia”, restaurándolas y dignificándolas.

Una canción bastante relacionada al presente desafío dice: “Ayúdame a mirar con tus ojos, yo quiero sentir con tu corazón, no quiero vivir más siendo insensible, tanta necesidad oh Jesucristo”[7]. Es necesario que como cristianos afinemos nuestra visión y sensibilizar nuestros corazones a nuestra realidad latinoamericana. Nuestro continente tiene una gran historia, pero de dictadores, de una clase política corrupta, de un sistema judicial vendido, de economías mercantilistas explotadoras, con índices altos de pobreza, desnutrición, analfabetismo, violencia, feminicidios, xenofobias, homofobias, entre muchas más tragedias deshumanizadas. La vulnerabilidad de las personas fue lo que provocó a Jesús predicar, ¿Cuáles son nuestras motivaciones? ¿Estamos reclutando, haciendo proselitismo, o realmente estamos movidos por compasión para llevar un mensaje liberador, restaurador, y dignificador?

Existen muchas cosas que pasan en nuestra sociedad, y al parecer ya estamos acostumbrados a ellas y hasta convivimos con ellas, siendo indiferentes y evasivos, o encerrándonos en las cuatro paredes de la iglesia, olvidándonos de la misión que Jesús nos ha dejado. La evangelización que Jesús nos enseña en el Sermón del Monte es contextual, es respondiendo a situaciones concretas. Es encarnacional y empática, lo cual es mucho más difícil de aprender y practicar que seguir unos cuantos pasos y versículos para “aceptar a Cristo en el corazón”. Si nuestro evangelio no incluye la sensibilidad de Jesús hacia su contexto, no habrá ese impulso a obrar solidariamente con nuestro prójimo. Y lo difícil de esto, es que tenemos que dejar de pensar solamente en nosotros, tener una actitud de desprendimiento, y estar verdaderamente amando al prójimo. Podemos empezar, reflexionando como vería Cristo ciertas circunstancias, tomando conciencia y percatarnos de las situaciones en las que viven los que nos rodean, las personas que se nos acercan, los hermanos de nuestra comunidad, abriendo nuestros ojos para mirar de una forma misionera.  

“Es ver con los ojos del corazón y la conciencia. Corazón para sentir el dolor del necesitado como propio, y conciencia para entender, comprender, juzgar, decidir y actuar a tiempo.”[8]

La sensibilidad de Cristo era muy diferente al actuar de los religiosos de su época, lo dejó claramente explicado más adelante con la parábola del samaritano. Nuestra Latinoamérica necesita que la miremos con sensibilidad y que actuemos solidariamente como Cristo nos enseña en el Sermón del Monte, comprometiéndonos buscando su justicia y la dignificación de las personas.


[1] Sea un sermón único, o una recopilación de discursos, la estructura literaria de Mateo nos lleva a interpretarlo como un único sermón.
[2] En el presente ensayo uso la Versión de la Reina Valera Contemporánea en todas las citas bíblicas.
[3] Donald Carson. El Sermón del Monte. 19p.
[4] Mateo escribe el griego aproximadamente 20 años después que Jesús predicó el Sermón del Monte, muy probablemente en arameo. Uno de los padres de la iglesia, sostiene que Mateo púbico inicialmente su evangelio en hebreo y posteriormente la tradujo a griego.
[5] Aunque inicialmente en el Sermón se describe a los destinatarios del Sermón a los discípulos, al finalizar en el Capítulo 7 vemos que estas mismas multitudes se añadieron para escuchar el mensaje.
[6] Darío A. Lopez. La Misión Liberadora de Jesús. 51p.
[7] Jaime Murrel. Te pido la Paz por mi ciudad. 1994.
[8] Jesús A. Figueroa Quiroga. Para Sentir el dolor ajeno al estilo de Jesús en Los Desafíos de Ser cristianos en América Latina. Ediciones Puma.124p


martes, 5 de marzo de 2019

LA JUSTICIA SOCIAL Y EL MENSAJE BÍBLICO


Este artículo es un comentario al libro El Mensaje del Profeta Oseas del Dr. Milton Acosta publicado por Ediciones Puma.

Una de las preguntas que generó inquietud y diversas opiniones en la sesión fue sobre la 'parcialidad de Dios' hacia los pobres que menciona el Dr. Milton en el Capítulo 2 y Capítulo 6. Nos preguntamos: ¿Es realmente Dios parcial? ¿Acaso Dios no ama igualmente a los pobres y a los ricos, o a los oprimidos y a los opresores? Al fin y al cabo, todo el mundo está esclavizado por el pecado, y todos necesitamos de la gracia y liberación divina.
Es importante aclarar, para ser justos con el pensamiento del autor, que restringe esta parcialidad, dándose “no en la medida de su amor, sino en su cuidado y defensa”. Reflexionaré, criticaré y sintetizaré todo lo relacionado a la Justicia Social que aborda el Dr. Milton, incluyendo algunos aportes adicionales.
- Dios como dueño de todo lo creado, ha dado a la humanidad la administración de los recursos de la tierra afín de que cada uno disfrute de la abundancia que produce para una vida humana plena, digna, segura y libre. Su obrar no se agota ahí solamente, no ha abandonado a la humanidad a la deriva, sino que ejerce su soberanía y providencia sobre ella, involucrándose y dirigiendo su historia, haciendo demandas particulares a la humanidad. Una de las principales expectativas divina es la justicia, por ser esta “el principal atributo de la actividad de Dios en el mundo” (Birch).
- La realidad histórica es que abunda la injusticia y la desigualdad entre los hombres. Desde la entrada del pecado al mundo, el hombre se ha alienado de su misma humanidad, y se ha embarcado en la misión egoísta de la satisfacción y beneficio propio. Esto ha producido una sociedad pobre, violenta, corrupta, y oprimida. Las sobreabundancias de algunos representan la oportunidad de bienestar de otros, las terribles carencias son robos del regalo que Dios ha dado a la humanidad para que disfrute. 
- Dios no es indiferente ante estos horribles hechos, sino muestra un interés y defensa especial a favor de los pobres, frágiles, marginados, e indefensos del mundo, con un “carácter decidido contra la esclavitud, el maltrato y la explotación” (Milton). Es por esta razón que la historia del éxodo se vuelve un paradigma en la historia biblica, y para nuestra hermenéutica. Por ejemplo, en la misma ley de Israel se les manda a cuidar y velar por los más vulnerables de su sociedad. En el Salmo 72 manda a los gobernantes explícitamente por justicia para que haya paz en la sociedad,  salvando a los hijos de los pobres y aplastando a los opresores. En el Salmo 146 se da una extraordinaria alabaza a la justicia divina a favor de los que necesitan ayuda, como los oprimidos, hambrientos, esclavos, enfermos, extranjeros, viudas y huérfanos. La comisión de los profetas del AT fue denunciar el grado de deshumanización a la que había  llegado la sociedad, tal como vemos el tiempo de Oseas. Muchas veces pensamos en justicia en términos judiciales y penales; sin embargo, la mayor incidencia bíblica de este término se refiere a las demandas sociales y humanizantes que Dios espera (Miqueas 6:8).
- Por último, esta misma misión de justicia divina la vemos en el obrar de Jesús. Su discurso en Lucas 4 era una buena noticia precisamente para los pobres, cautivos, enfermos, y oprimidos.  El Ps. Darío Lopez en su libro sobre la Misión Liberadora de Jesús señala que “saca la cara por los desvalidos y por los desposeídos, incluye a los excluidos, reinserta socialmente a las parias, humaniza lo que la sociedad cosifica, dignifica aquellos que los poderosos tienen como desecho social”. ¿Pensamos en la evangelización en estos términos? Al parecer mucho se ha pseudoespiritualizado el mensaje, que se está alejando del mensaje integral de Jesucristo.
La justicia social está en el centro del mensaje bíblico, y nos toca construir nuestra teología desde “la palabra de Aquél que está presente con y por los oprimidos” (Karl Barth). El aporte de la teología de la liberación fue ponerla en centro su debate, aunque no se inició ahí sino desde Antiguo Testamento como ya hemos estado señalando. Cite a Barth, pues fue de mucha influencia para los teólogos latinoamericanos en el quehacer teológico dialogado con el contexto de la “otra américa”,  en su artículo sobre la Pobreza (1949) resalta interesantemente que “no hay ningún pasaje de la Biblia, en que sean proclamados los derechos de los ricos. No hay ningún pasaje en que Dios aparezca como el señor y salvador de los ricos y su riqueza, donde los pobres sean exhortados a preservar la riqueza de los ricos y permanezcan pobres ellos mismos, simplemente por causa de los ricos. Inversamente, hay muchos pasajes de la Biblia, en que son proclamados los derechos de los pobres, donde el propio Dios declara ser el guardián y el vengador de esos derechos, donde se exige a los ricos que no olviden los derechos de los pobres… Por lo tanto, la Biblia está lado de los pobres, despojados y los destituidos. Aquel a quien la Biblia llama Dios, toma partido en favor de los pobres”.
La Biblia nos enseña evidentemente lo que muchos teólogos llaman la parcialidad de Dios. Sin embargo, el problema con este término es que conceptualmente contiene connotaciones negativas. Dentro de la administración judicial es vista como una infracción tanto en el tiempo bíblico como el de hoy (Leer Levítico 19:15; Deuteronomio 1:16-17; Romanos 2:11); frecuentemente es usada para describir un favoritismo por medio de una injusticia o una inequidad. Pero Dios es el Justo y en su Reino, reina la justicia en todo momento y con todos, de forma personal, familiar y social, no haciendo acepción de personas.  Esta justicia divina fue vista a luz de la misión de Jesús defendiendo la vida y dignificando a las personas marginadas por la sociedad, y no por medio de injusticias. Es por esta razón que los mayores beneficiarios del obrar divino son los desposeídos y desvalidos de la sociedad, pareciendo un obrar parcial, pero siendo realmente una justicia materializada en su creación. El Dr. Milton reflexiona citando a Birch señalando “quien está acomodado tiene medios para defenderse y valerse por sí mismo, mientras que, al desvalido, si Dios no lo defiende, nadie más lo va hacer”.
Entonces ¿Cómo es que Dios imparte su justicia? Pues usa mediadores para la expansión de su Reino, y llama a una comunidad a ser imitadores suyos, e impartidores de su justicia. El Dr. Milton nos exhorta a no ser pasivos en el asunto porque “en muchos casos no se trata de esperar un milagro, sino que es tarea de agentes humanos, creyentes o no, que Dios usa según la necesidad”. Esta es una invitación y un llamado a practicar la justicia social, como mediadores de Dios, en su misión divina. En Mateo 25 vemos como Jesús nos enseña que dar de comer al hambriento, socorrer al extranjero, cubrir al pobre, dignificar al enfermo y al preso tienen connotaciones escatológicas, y ya estamos en los últimos tiempos.
El mensaje de Oseas es tan relevante hoy, como lo fue el pueblo de Israel: “Sembrad para vosotros en justicia, segad para vosotros en misericordia; haced para vosotros barbecho; porque es el tiempo de buscar a Jehová, hasta que venga y os enseñe justicia” (Oseas 10:12). Busquemos a Dios y comencemos a sembrar justicia, que él hará posible la siega. A los cristianos nos toca en este tiempo, a ser conscientes e informarnos de las injusticias de nuestra sociedad, de tal manera que sabremos cómo acercarnos a Dios, pidiendo no de forma egoísta, sino conforme a su voluntad, y así discernir nuestro accionar como sembradores de amor, misericordia y justicia.

Escrito por:
German Casanova Villajuan
Integrante del Equipo Diálogos de Esperanza

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