martes, 5 de marzo de 2019

LA JUSTICIA SOCIAL Y EL MENSAJE BÍBLICO


Este artículo es un comentario al libro El Mensaje del Profeta Oseas del Dr. Milton Acosta publicado por Ediciones Puma.

Una de las preguntas que generó inquietud y diversas opiniones en la sesión fue sobre la 'parcialidad de Dios' hacia los pobres que menciona el Dr. Milton en el Capítulo 2 y Capítulo 6. Nos preguntamos: ¿Es realmente Dios parcial? ¿Acaso Dios no ama igualmente a los pobres y a los ricos, o a los oprimidos y a los opresores? Al fin y al cabo, todo el mundo está esclavizado por el pecado, y todos necesitamos de la gracia y liberación divina.
Es importante aclarar, para ser justos con el pensamiento del autor, que restringe esta parcialidad, dándose “no en la medida de su amor, sino en su cuidado y defensa”. Reflexionaré, criticaré y sintetizaré todo lo relacionado a la Justicia Social que aborda el Dr. Milton, incluyendo algunos aportes adicionales.
- Dios como dueño de todo lo creado, ha dado a la humanidad la administración de los recursos de la tierra afín de que cada uno disfrute de la abundancia que produce para una vida humana plena, digna, segura y libre. Su obrar no se agota ahí solamente, no ha abandonado a la humanidad a la deriva, sino que ejerce su soberanía y providencia sobre ella, involucrándose y dirigiendo su historia, haciendo demandas particulares a la humanidad. Una de las principales expectativas divina es la justicia, por ser esta “el principal atributo de la actividad de Dios en el mundo” (Birch).
- La realidad histórica es que abunda la injusticia y la desigualdad entre los hombres. Desde la entrada del pecado al mundo, el hombre se ha alienado de su misma humanidad, y se ha embarcado en la misión egoísta de la satisfacción y beneficio propio. Esto ha producido una sociedad pobre, violenta, corrupta, y oprimida. Las sobreabundancias de algunos representan la oportunidad de bienestar de otros, las terribles carencias son robos del regalo que Dios ha dado a la humanidad para que disfrute. 
- Dios no es indiferente ante estos horribles hechos, sino muestra un interés y defensa especial a favor de los pobres, frágiles, marginados, e indefensos del mundo, con un “carácter decidido contra la esclavitud, el maltrato y la explotación” (Milton). Es por esta razón que la historia del éxodo se vuelve un paradigma en la historia biblica, y para nuestra hermenéutica. Por ejemplo, en la misma ley de Israel se les manda a cuidar y velar por los más vulnerables de su sociedad. En el Salmo 72 manda a los gobernantes explícitamente por justicia para que haya paz en la sociedad,  salvando a los hijos de los pobres y aplastando a los opresores. En el Salmo 146 se da una extraordinaria alabaza a la justicia divina a favor de los que necesitan ayuda, como los oprimidos, hambrientos, esclavos, enfermos, extranjeros, viudas y huérfanos. La comisión de los profetas del AT fue denunciar el grado de deshumanización a la que había  llegado la sociedad, tal como vemos el tiempo de Oseas. Muchas veces pensamos en justicia en términos judiciales y penales; sin embargo, la mayor incidencia bíblica de este término se refiere a las demandas sociales y humanizantes que Dios espera (Miqueas 6:8).
- Por último, esta misma misión de justicia divina la vemos en el obrar de Jesús. Su discurso en Lucas 4 era una buena noticia precisamente para los pobres, cautivos, enfermos, y oprimidos.  El Ps. Darío Lopez en su libro sobre la Misión Liberadora de Jesús señala que “saca la cara por los desvalidos y por los desposeídos, incluye a los excluidos, reinserta socialmente a las parias, humaniza lo que la sociedad cosifica, dignifica aquellos que los poderosos tienen como desecho social”. ¿Pensamos en la evangelización en estos términos? Al parecer mucho se ha pseudoespiritualizado el mensaje, que se está alejando del mensaje integral de Jesucristo.
La justicia social está en el centro del mensaje bíblico, y nos toca construir nuestra teología desde “la palabra de Aquél que está presente con y por los oprimidos” (Karl Barth). El aporte de la teología de la liberación fue ponerla en centro su debate, aunque no se inició ahí sino desde Antiguo Testamento como ya hemos estado señalando. Cite a Barth, pues fue de mucha influencia para los teólogos latinoamericanos en el quehacer teológico dialogado con el contexto de la “otra américa”,  en su artículo sobre la Pobreza (1949) resalta interesantemente que “no hay ningún pasaje de la Biblia, en que sean proclamados los derechos de los ricos. No hay ningún pasaje en que Dios aparezca como el señor y salvador de los ricos y su riqueza, donde los pobres sean exhortados a preservar la riqueza de los ricos y permanezcan pobres ellos mismos, simplemente por causa de los ricos. Inversamente, hay muchos pasajes de la Biblia, en que son proclamados los derechos de los pobres, donde el propio Dios declara ser el guardián y el vengador de esos derechos, donde se exige a los ricos que no olviden los derechos de los pobres… Por lo tanto, la Biblia está lado de los pobres, despojados y los destituidos. Aquel a quien la Biblia llama Dios, toma partido en favor de los pobres”.
La Biblia nos enseña evidentemente lo que muchos teólogos llaman la parcialidad de Dios. Sin embargo, el problema con este término es que conceptualmente contiene connotaciones negativas. Dentro de la administración judicial es vista como una infracción tanto en el tiempo bíblico como el de hoy (Leer Levítico 19:15; Deuteronomio 1:16-17; Romanos 2:11); frecuentemente es usada para describir un favoritismo por medio de una injusticia o una inequidad. Pero Dios es el Justo y en su Reino, reina la justicia en todo momento y con todos, de forma personal, familiar y social, no haciendo acepción de personas.  Esta justicia divina fue vista a luz de la misión de Jesús defendiendo la vida y dignificando a las personas marginadas por la sociedad, y no por medio de injusticias. Es por esta razón que los mayores beneficiarios del obrar divino son los desposeídos y desvalidos de la sociedad, pareciendo un obrar parcial, pero siendo realmente una justicia materializada en su creación. El Dr. Milton reflexiona citando a Birch señalando “quien está acomodado tiene medios para defenderse y valerse por sí mismo, mientras que, al desvalido, si Dios no lo defiende, nadie más lo va hacer”.
Entonces ¿Cómo es que Dios imparte su justicia? Pues usa mediadores para la expansión de su Reino, y llama a una comunidad a ser imitadores suyos, e impartidores de su justicia. El Dr. Milton nos exhorta a no ser pasivos en el asunto porque “en muchos casos no se trata de esperar un milagro, sino que es tarea de agentes humanos, creyentes o no, que Dios usa según la necesidad”. Esta es una invitación y un llamado a practicar la justicia social, como mediadores de Dios, en su misión divina. En Mateo 25 vemos como Jesús nos enseña que dar de comer al hambriento, socorrer al extranjero, cubrir al pobre, dignificar al enfermo y al preso tienen connotaciones escatológicas, y ya estamos en los últimos tiempos.
El mensaje de Oseas es tan relevante hoy, como lo fue el pueblo de Israel: “Sembrad para vosotros en justicia, segad para vosotros en misericordia; haced para vosotros barbecho; porque es el tiempo de buscar a Jehová, hasta que venga y os enseñe justicia” (Oseas 10:12). Busquemos a Dios y comencemos a sembrar justicia, que él hará posible la siega. A los cristianos nos toca en este tiempo, a ser conscientes e informarnos de las injusticias de nuestra sociedad, de tal manera que sabremos cómo acercarnos a Dios, pidiendo no de forma egoísta, sino conforme a su voluntad, y así discernir nuestro accionar como sembradores de amor, misericordia y justicia.

Escrito por:
German Casanova Villajuan
Integrante del Equipo Diálogos de Esperanza

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

EL NUNC DIMITTIS

Reflexiones sobre Simón y el bebe Jesús de Lucas 2:21-40  (Parte II) Lucas 2 25 Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeó...