Este artículo es un comentario al libro El Mensaje del Profeta Oseas del Dr. Milton Acosta publicado por Ediciones Puma.
Una de las preguntas que generó
inquietud y diversas opiniones en la sesión fue sobre la 'parcialidad de Dios' hacia los pobres que menciona el Dr. Milton en el Capítulo 2 y Capítulo 6. Nos preguntamos: ¿Es realmente Dios parcial? ¿Acaso Dios no ama
igualmente a los pobres y a los ricos, o a los oprimidos y a los opresores? Al
fin y al cabo, todo el mundo está esclavizado por el pecado, y todos
necesitamos de la gracia y liberación divina.
Es importante aclarar, para ser
justos con el pensamiento del autor, que restringe esta parcialidad, dándose “no en la medida de su amor, sino en su
cuidado y defensa”. Reflexionaré, criticaré y sintetizaré todo lo
relacionado a la Justicia Social que aborda el Dr. Milton,
incluyendo algunos aportes adicionales.
- Dios como dueño de todo lo creado, ha dado
a la humanidad la administración de los recursos de la tierra afín de que cada
uno disfrute de la abundancia que produce para una vida humana plena, digna,
segura y libre. Su obrar no se agota ahí solamente, no ha
abandonado a la humanidad a la deriva, sino que ejerce su soberanía y providencia sobre ella,
involucrándose y dirigiendo su historia, haciendo demandas particulares a la humanidad. Una de las principales expectativas divina es la justicia, por ser esta “el principal atributo de la actividad de
Dios en el mundo” (Birch).
- La realidad histórica es que
abunda la injusticia y la desigualdad entre los hombres. Desde la entrada del pecado al mundo, el
hombre se ha alienado de su misma humanidad, y se ha embarcado en la misión
egoísta de la satisfacción y beneficio propio. Esto ha producido una sociedad
pobre, violenta, corrupta, y oprimida. Las sobreabundancias de algunos
representan la oportunidad de bienestar de otros, las terribles carencias
son robos del regalo que Dios ha dado a la humanidad para que disfrute.
- Dios no es indiferente ante estos horribles hechos, sino muestra un interés y defensa especial a favor de los pobres,
frágiles, marginados, e indefensos del mundo, con un “carácter decidido contra la esclavitud, el maltrato y la explotación”
(Milton). Es por esta razón que la historia del éxodo se vuelve un paradigma en la historia biblica, y para nuestra hermenéutica. Por ejemplo, en la misma ley de Israel se les manda a cuidar y velar por los más vulnerables de su sociedad. En el Salmo 72 manda a los gobernantes explícitamente por justicia para que haya paz en la sociedad, salvando a los hijos de los pobres y aplastando a los
opresores. En el Salmo 146 se da una extraordinaria alabaza a la
justicia divina a favor de los que necesitan ayuda, como los oprimidos,
hambrientos, esclavos, enfermos, extranjeros, viudas y huérfanos. La comisión de los profetas del AT fue denunciar el grado de
deshumanización a la que había llegado la sociedad, tal como vemos el tiempo de
Oseas. Muchas veces pensamos en justicia en términos judiciales y penales; sin
embargo, la mayor incidencia bíblica de este término se refiere a las demandas sociales y humanizantes que Dios espera (Miqueas 6:8).
- Por último, esta misma misión de
justicia divina la vemos en el obrar de Jesús. Su discurso en Lucas 4 era una
buena noticia precisamente para los pobres, cautivos, enfermos, y
oprimidos. El Ps. Darío Lopez en su
libro sobre la Misión Liberadora de Jesús señala que “saca la cara por los desvalidos y por los desposeídos, incluye a los
excluidos, reinserta socialmente a las parias,
humaniza lo que la sociedad cosifica, dignifica aquellos que los poderosos
tienen como desecho social”. ¿Pensamos en la evangelización en estos
términos? Al parecer mucho se ha pseudoespiritualizado el mensaje, que se está
alejando del mensaje integral de Jesucristo.
La justicia social está en el
centro del mensaje bíblico, y nos toca construir nuestra teología desde “la palabra de Aquél que está presente con y
por los oprimidos” (Karl Barth). El aporte de la teología de la liberación
fue ponerla en centro su debate, aunque no se inició ahí sino desde Antiguo
Testamento como ya hemos estado señalando. Cite a Barth, pues fue de mucha
influencia para los teólogos latinoamericanos en el quehacer teológico dialogado
con el contexto de la “otra américa”, en su artículo sobre la Pobreza (1949) resalta interesantemente
que “no hay ningún pasaje de la Biblia,
en que sean proclamados los derechos de los ricos. No hay ningún pasaje en que
Dios aparezca como el señor y salvador de los ricos y su riqueza, donde los
pobres sean exhortados a preservar la riqueza de los ricos y permanezcan pobres
ellos mismos, simplemente por causa de los ricos. Inversamente, hay muchos
pasajes de la Biblia, en que son proclamados los derechos de los pobres, donde
el propio Dios declara ser el guardián y el vengador de esos derechos, donde se
exige a los ricos que no olviden los derechos de los pobres… Por lo tanto, la
Biblia está lado de los pobres, despojados y los destituidos. Aquel a quien la
Biblia llama Dios, toma partido en favor de los pobres”.
La Biblia nos enseña evidentemente lo
que muchos teólogos llaman la parcialidad de Dios. Sin embargo, el problema con
este término es que conceptualmente contiene connotaciones negativas. Dentro de
la administración judicial es vista como una infracción tanto en el tiempo
bíblico como el de hoy (Leer Levítico 19:15; Deuteronomio 1:16-17; Romanos
2:11); frecuentemente es usada para describir un favoritismo por medio de una
injusticia o una inequidad. Pero Dios es el Justo y en su
Reino, reina la justicia en todo momento y con todos, de forma personal,
familiar y social, no haciendo acepción de personas. Esta justicia divina fue vista a luz de la
misión de Jesús defendiendo la vida y dignificando a las personas marginadas
por la sociedad, y no por medio de injusticias. Es por esta razón que los mayores beneficiarios del obrar divino
son los desposeídos y desvalidos de la sociedad, pareciendo un obrar parcial,
pero siendo realmente una justicia materializada en su creación. El Dr. Milton
reflexiona citando a Birch señalando “quien
está acomodado tiene medios para defenderse y valerse por sí mismo, mientras
que, al desvalido, si Dios no lo defiende, nadie más lo va hacer”.
Entonces ¿Cómo es que Dios imparte
su justicia? Pues usa mediadores para la expansión de su Reino, y llama a una
comunidad a ser imitadores suyos, e impartidores de su justicia. El Dr. Milton
nos exhorta a no ser pasivos en el asunto porque “en muchos casos no se trata de esperar un milagro, sino que es tarea de
agentes humanos, creyentes o no, que Dios usa según la necesidad”. Esta es
una invitación y un llamado a practicar la justicia social, como mediadores de
Dios, en su misión divina. En Mateo 25 vemos como Jesús nos enseña que dar de
comer al hambriento, socorrer al extranjero, cubrir al pobre, dignificar al
enfermo y al preso tienen connotaciones escatológicas, y ya estamos en los
últimos tiempos.
El mensaje de Oseas es tan
relevante hoy, como lo fue el pueblo de Israel: “Sembrad para vosotros en justicia, segad para vosotros en misericordia;
haced para vosotros barbecho; porque es el tiempo de buscar a Jehová, hasta que
venga y os enseñe justicia” (Oseas 10:12). Busquemos a Dios y comencemos a
sembrar justicia, que él hará posible la siega. A los cristianos nos toca en
este tiempo, a ser conscientes e informarnos de las injusticias de nuestra
sociedad, de tal manera que sabremos cómo acercarnos a Dios, pidiendo no de
forma egoísta, sino conforme a su voluntad, y así discernir nuestro accionar
como sembradores de amor, misericordia y justicia.
Escrito por:
German Casanova Villajuan
Integrante del Equipo Diálogos de Esperanza
German Casanova Villajuan
Integrante del Equipo Diálogos de Esperanza

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