Este fue uno de los ensayos presentados que ganó el concurso con motivo del VIII Congreso de la Juventud Presbiteriana en el Perú: Trujillo 2019 titulado "Desafíos para los cristianos latinoamericanos basados en el Sermón del Monte" escrito por Germán Casanova, del equipo de Diálogos de Esperanza.
INTRODUCCIÓN
Las lecturas del Sermón del
Monte han sido diversas, sin embargo, muy pocas se han efectuado desde latinoamérica, considerando sus problemas espirituales, sociales, políticos,
religiosos, entre otros. Jesús desarrolló su evangelización desde la acera de
un pueblo oprimido, en el subgrupo de los vulnerables, y es en Galilea donde
inicia su ministerio y enmarca el contexto en que Mateo sitúa el Sermón del
Monte[1].
Es sumamente interesante, cómo Mateo entrelaza el Sermón del Monte del capítulo
5 con todo lo previamente dicho en el capítulo 4.
“Cuando Jesús vio a la
multitud, subió al monte y se sentó. Entonces sus discípulos se le
acercaron, y él comenzó a enseñarles
diciendo” (Mateo 5:1-2)[2]
Jesús no dio simplemente un
discurso improvisado de sus ideas teológicas en un vacío existencial, sino que
la misma expresión de “abrir su boca para enseñar” (fórmula semítica)[3],
apunta a una reflexión previa para un discurso deliberado. Esta meditación
previa se encuentra en las palabras del Mateo cuando nos señala que “Jesús vio
a la multitud”, lo cual nos hace preguntar ¿Qué vio que lo llevó a dar el
discurso del Sermón de Monte? No podemos saber exactamente, pues Jesús mismo no
escribió el libro; sin embargo, Mateo estructura su evangelio de tal manera que
podamos reconstruir, desde el texto mismo, aquel contexto del cual sitúa a Jesús.
La lectura del Sermón del Monte debe considerar estos elementos, además siendo
consiente que Mateo fue un intérprete del mismo, recopilando, traduciendo y organizando este
relato a posteriori como enseñanza para la Iglesia[4].
El propósito de este ensayo no
es desarrollar en detalle todo el Sermón del Monte, sino rescatar cinco
desafíos que Jesús planteó a sus discípulos, quienes iban a continuar la obra
misionera que él había iniciado. Estos mismos desafíos los necesitamos hoy,
haciéndolos contemporáneos para el liderazgo juvenil presbiteriano, inmersos en
la cultura Latinoamérica del siglo XXI, para discernir el Reino de Dios en
nuestro momento histórico como marco de nuestra misión como Iglesia.
DESAFÍO 1 – SENSIBILIDAD Y SOLIDARIDAD CRISTOLÓGICA
En este desafío trataremos
de responder la pregunta que nos planteamos anteriormente: ¿Qué vio Jesús en la
multitud? Este “ver” no es algo
incidental, no era simplemente mirar, sino algo más intencional y común en
Jesús (Mateo 3:7; Mateo 9:2; Mateo 9:36; Mateo 14:14; Marcos 2:5; Marcos 6:36;
Marcos 12:34). Este ver estaba relacionado a una reflexión de la situación de
la multitud que se le acercaba. El siguiente pasaje hace una mejor descripción
de lo que pasó en esas primeras líneas del Sermón del Monte.
“Jesús recorría todas las ciudades y las aldeas, y enseñaba en las
sinagogas de ellos, predicaba el evangelio del reino y sanaba toda enfermedad y
toda dolencia del pueblo. Al ver las
multitudes, Jesús tuvo compasión de ellas porque estaban desamparadas y
dispersas, como ovejas que no tienen pastor.” (Mateo 9:35-36)
Jesús al ver la multitud
tuvo compasión de ellas, esto nos da luz a qué tipo de personas se le acercaban
y a quienes estaba dirigido el Sermón del Monte[5].
En el Capítulo 4, donde Mateo ubica el inicio del Ministerio de Jesús, lo
describe recorriendo las ciudades de Galilea. No “Jerusalén” como centro
religioso judío donde se encontraba el templo, tampoco “Roma” como la capital
del imperio, sino la desestimada y despreciada Galilea: “¿De Nazaret puede salir algo de bueno?” (Juan 1:46), “¿Eres tu galileo? Escudriña y ve que de
Galilea nunca se ha levantado profeta”. (Juan 7:52).
Mateo describe el inicio del
ministerio en Galilea citando una antigua profecía en Isaías 9:1-2,
describiendo a Cafarnaum, unas de sus ciudades, como un pueblo asentado en
tinieblas y en sombra de muerte, y a Jesús como una luz en medio de aquella
situación (Mateo 4:12-16). Le sigue un resumen de las personas que a Jesús se
le acercaban y atendía con compasión: enfermos, personas que sufrían,
atormentados, endemoniados, lunáticos, y paralíticos (Mateo 4:24-25).
En el mismo Sermón del
Monte, Jesús se refiere a gente indigente (Mateo 5:3; Lucas 5:20), hambrienta e
insatisfecha (Lucas 5:21), desconsolada, en luto y llorando (Mateo 5:4; Lucas
5:21), gente afectada por las injusticias de la sociedad (Mateo 5:5), perseguida,
maltratada, odiada, discriminada, menospreciada (Mateo 5:10-11; Lucas 5:22), insultada,
peleada (Mateo 5:22-23), entre otros. El Pastor Darío Lopez resume la opción
galilea de la siguiente manera:
“desde la solidaridad con los indefensos de la sociedad y las victimas
de las violencias, desde un compromiso hondo con los menospreciados del mundo,
desde los pobres de la tierra, comenzó a proclamarse la buena noticia del reino
de Dios. El pregón del reino empezó a proclamarse en Galilea, desde la marginalidad
y la insignificancia, y se fue difundiendo desde el mundo de los pobres y los
excluidos hacia el centro del poder”[6]
Jesús vio toda clase de
personas, y no se escandalizó sino se solidarizó con ellas. Vio el pecado y sus
efectos nocivos para la humanidad, y desde ahí presentó el Sermón del Monte,
como una interpretación de su situación social para presentar su mensaje.
Pero el cuadro más triste
que vio Jesús, fue el de personas religiosas que le importaban más su
prestigio, sus rituales y su partido religioso que las necesidades del pueblo.
Sus actos de aparente preocupación como el dar algunas limosnas eran solamente
para el aplauso e intereses políticos (Mateo 6), eran un gremio que pecaba de
indiferencia e insensibilidad. En este contexto, Jesús vino a traer ese mensaje
de esperanza porque los religiosos no daban ninguna respuesta, las personas
“eran como ovejas que no tenían pastor”.
Este es el público que Mateo
nos describe de aquel Sermón del Monte. Personas que nadie quería cerca, que
estaban al margen de la sociedad, oprimidos por el mismo gremio religioso.
Jesús los miro percatándose de su existencia y necesidades, y mostró compasión
al acercarse, tocándolos, y ofreciéndoles ayuda, liberándolas de sus opresiones,
dando “vida y vida en abundancia”, restaurándolas y dignificándolas.
Una canción bastante
relacionada al presente desafío dice: “Ayúdame
a mirar con tus ojos, yo quiero sentir con tu corazón, no quiero vivir más
siendo insensible, tanta necesidad oh Jesucristo”[7].
Es necesario que como cristianos afinemos nuestra visión y sensibilizar
nuestros corazones a nuestra realidad latinoamericana. Nuestro continente tiene
una gran historia, pero de dictadores, de una clase política corrupta, de un
sistema judicial vendido, de economías mercantilistas explotadoras, con índices
altos de pobreza, desnutrición, analfabetismo, violencia, feminicidios,
xenofobias, homofobias, entre muchas más tragedias deshumanizadas. La
vulnerabilidad de las personas fue lo que provocó a Jesús predicar, ¿Cuáles son
nuestras motivaciones? ¿Estamos reclutando, haciendo proselitismo, o realmente
estamos movidos por compasión para llevar un mensaje liberador, restaurador, y dignificador?
Existen muchas cosas que pasan
en nuestra sociedad, y al parecer ya estamos acostumbrados a ellas y hasta convivimos
con ellas, siendo indiferentes y evasivos, o encerrándonos en las cuatro
paredes de la iglesia, olvidándonos de la misión que Jesús nos ha dejado. La
evangelización que Jesús nos enseña en el Sermón del Monte es contextual, es
respondiendo a situaciones concretas. Es encarnacional y empática, lo cual es
mucho más difícil de aprender y practicar que seguir unos cuantos pasos y
versículos para “aceptar a Cristo en el corazón”. Si nuestro evangelio no
incluye la sensibilidad de Jesús hacia su contexto, no habrá ese impulso a
obrar solidariamente con nuestro prójimo. Y lo difícil de esto, es que tenemos
que dejar de pensar solamente en nosotros, tener una actitud de desprendimiento,
y estar verdaderamente amando al prójimo. Podemos empezar, reflexionando como vería
Cristo ciertas circunstancias, tomando conciencia y percatarnos de las
situaciones en las que viven los que nos rodean, las personas que se nos acercan,
los hermanos de nuestra comunidad, abriendo nuestros ojos para mirar de una
forma misionera.
“Es ver con los ojos del corazón y la conciencia. Corazón para
sentir el dolor del necesitado como propio, y conciencia para entender,
comprender, juzgar, decidir y actuar a tiempo.”[8]
La sensibilidad de Cristo
era muy diferente al actuar de los religiosos de su época, lo dejó claramente
explicado más adelante con la parábola del samaritano. Nuestra Latinoamérica
necesita que la miremos con sensibilidad y que actuemos solidariamente como
Cristo nos enseña en el Sermón del Monte, comprometiéndonos buscando su
justicia y la dignificación de las personas.
[1]
Sea un sermón único, o una recopilación de discursos, la estructura literaria
de Mateo nos lleva a interpretarlo como un único sermón.
[2]
En el presente ensayo uso la Versión de la Reina Valera Contemporánea en todas
las citas bíblicas.
[3]
Donald Carson. El Sermón del Monte. 19p.
[4]
Mateo escribe el griego aproximadamente 20 años después que Jesús predicó el
Sermón del Monte, muy probablemente en arameo. Uno de los padres de la iglesia,
sostiene que Mateo púbico inicialmente su evangelio en hebreo y posteriormente
la tradujo a griego.
[5] Aunque inicialmente en el
Sermón se describe a los destinatarios del Sermón a los discípulos, al
finalizar en el Capítulo 7 vemos que estas mismas multitudes se añadieron para
escuchar el mensaje.
[6] Darío A. Lopez. La Misión
Liberadora de Jesús. 51p.
[7] Jaime Murrel. Te pido la
Paz por mi ciudad. 1994.
[8] Jesús A. Figueroa Quiroga.
Para Sentir el dolor ajeno al estilo de Jesús en Los Desafíos de Ser cristianos
en América Latina. Ediciones Puma.124p

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