jueves, 21 de marzo de 2019

DESAFÍOS EN EL SERMÓN DEL MONTE - Parte 1



Este fue uno de los ensayos presentados que ganó el concurso con motivo del VIII Congreso de la Juventud Presbiteriana en el Perú: Trujillo 2019 titulado "Desafíos para los cristianos latinoamericanos basados en el Sermón del Monte" escrito por Germán Casanova, del equipo de Diálogos de Esperanza.

INTRODUCCIÓN
Las lecturas del Sermón del Monte han sido diversas, sin embargo, muy pocas se han efectuado desde latinoamérica, considerando sus problemas espirituales, sociales, políticos, religiosos, entre otros. Jesús desarrolló su evangelización desde la acera de un pueblo oprimido, en el subgrupo de los vulnerables, y es en Galilea donde inicia su ministerio y enmarca el contexto en que Mateo sitúa el Sermón del Monte[1]. Es sumamente interesante, cómo Mateo entrelaza el Sermón del Monte del capítulo 5 con todo lo previamente dicho en el capítulo 4.

 “Cuando Jesús vio a la multitud, subió al monte y se sentó. Entonces sus discípulos se le acercaron,  y él comenzó a enseñarles diciendo” (Mateo 5:1-2)[2]
Jesús no dio simplemente un discurso improvisado de sus ideas teológicas en un vacío existencial, sino que la misma expresión de “abrir su boca para enseñar” (fórmula semítica)[3], apunta a una reflexión previa para un discurso deliberado. Esta meditación previa se encuentra en las palabras del Mateo cuando nos señala que “Jesús vio a la multitud”, lo cual nos hace preguntar ¿Qué vio que lo llevó a dar el discurso del Sermón de Monte? No podemos saber exactamente, pues Jesús mismo no escribió el libro; sin embargo, Mateo estructura su evangelio de tal manera que podamos reconstruir, desde el texto mismo, aquel contexto del cual sitúa a Jesús. La lectura del Sermón del Monte debe considerar estos elementos, además siendo consiente que Mateo fue un intérprete del mismo,  recopilando, traduciendo y organizando este relato a posteriori como enseñanza para la Iglesia[4].

El propósito de este ensayo no es desarrollar en detalle todo el Sermón del Monte, sino rescatar cinco desafíos que Jesús planteó a sus discípulos, quienes iban a continuar la obra misionera que él había iniciado. Estos mismos desafíos los necesitamos hoy, haciéndolos contemporáneos para el liderazgo juvenil presbiteriano, inmersos en la cultura Latinoamérica del siglo XXI, para discernir el Reino de Dios en nuestro momento histórico como marco de nuestra misión como Iglesia.

DESAFÍO 1 – SENSIBILIDAD Y SOLIDARIDAD CRISTOLÓGICA

En este desafío trataremos de responder la pregunta que nos planteamos anteriormente: ¿Qué vio Jesús en la multitud?  Este “ver” no es algo incidental, no era simplemente mirar, sino algo más intencional y común en Jesús (Mateo 3:7; Mateo 9:2; Mateo 9:36; Mateo 14:14; Marcos 2:5; Marcos 6:36; Marcos 12:34). Este ver estaba relacionado a una reflexión de la situación de la multitud que se le acercaba. El siguiente pasaje hace una mejor descripción de lo que pasó en esas primeras líneas del Sermón del Monte.

“Jesús recorría todas las ciudades y las aldeas, y enseñaba en las sinagogas de ellos, predicaba el evangelio del reino y sanaba toda enfermedad y toda dolencia del pueblo.  Al ver las multitudes, Jesús tuvo compasión de ellas porque estaban desamparadas y dispersas, como ovejas que no tienen pastor.” (Mateo 9:35-36)
Jesús al ver la multitud tuvo compasión de ellas, esto nos da luz a qué tipo de personas se le acercaban y a quienes estaba dirigido el Sermón del Monte[5]. En el Capítulo 4, donde Mateo ubica el inicio del Ministerio de Jesús, lo describe recorriendo las ciudades de Galilea. No “Jerusalén” como centro religioso judío donde se encontraba el templo, tampoco “Roma” como la capital del imperio, sino la desestimada y despreciada Galilea: “¿De Nazaret puede salir algo de bueno?” (Juan 1:46), “¿Eres tu galileo? Escudriña y ve que de Galilea nunca se ha levantado profeta”. (Juan 7:52).  

Mateo describe el inicio del ministerio en Galilea citando una antigua profecía en Isaías 9:1-2, describiendo a Cafarnaum, unas de sus ciudades, como un pueblo asentado en tinieblas y en sombra de muerte, y a Jesús como una luz en medio de aquella situación (Mateo 4:12-16). Le sigue un resumen de las personas que a Jesús se le acercaban y atendía con compasión: enfermos, personas que sufrían, atormentados, endemoniados, lunáticos, y paralíticos (Mateo 4:24-25).

En el mismo Sermón del Monte, Jesús se refiere a gente indigente (Mateo 5:3; Lucas 5:20), hambrienta e insatisfecha (Lucas 5:21), desconsolada, en luto y llorando (Mateo 5:4; Lucas 5:21), gente afectada por las injusticias de la sociedad (Mateo 5:5), perseguida, maltratada, odiada, discriminada, menospreciada (Mateo 5:10-11; Lucas 5:22), insultada, peleada (Mateo 5:22-23), entre otros. El Pastor Darío Lopez resume la opción galilea de la siguiente manera:

desde la solidaridad con los indefensos de la sociedad y las victimas de las violencias, desde un compromiso hondo con los menospreciados del mundo, desde los pobres de la tierra, comenzó a proclamarse la buena noticia del reino de Dios. El pregón del reino empezó a proclamarse en Galilea, desde la marginalidad y la insignificancia, y se fue difundiendo desde el mundo de los pobres y los excluidos hacia el centro del poder[6]

Jesús vio toda clase de personas, y no se escandalizó sino se solidarizó con ellas. Vio el pecado y sus efectos nocivos para la humanidad, y desde ahí presentó el Sermón del Monte, como una interpretación de su situación social para presentar su mensaje.

Pero el cuadro más triste que vio Jesús, fue el de personas religiosas que le importaban más su prestigio, sus rituales y su partido religioso que las necesidades del pueblo. Sus actos de aparente preocupación como el dar algunas limosnas eran solamente para el aplauso e intereses políticos (Mateo 6), eran un gremio que pecaba de indiferencia e insensibilidad. En este contexto, Jesús vino a traer ese mensaje de esperanza porque los religiosos no daban ninguna respuesta, las personas “eran como ovejas que no tenían pastor”.

Este es el público que Mateo nos describe de aquel Sermón del Monte. Personas que nadie quería cerca, que estaban al margen de la sociedad, oprimidos por el mismo gremio religioso. Jesús los miro percatándose de su existencia y necesidades, y mostró compasión al acercarse, tocándolos, y ofreciéndoles ayuda, liberándolas de sus opresiones, dando “vida y vida en abundancia”, restaurándolas y dignificándolas.

Una canción bastante relacionada al presente desafío dice: “Ayúdame a mirar con tus ojos, yo quiero sentir con tu corazón, no quiero vivir más siendo insensible, tanta necesidad oh Jesucristo”[7]. Es necesario que como cristianos afinemos nuestra visión y sensibilizar nuestros corazones a nuestra realidad latinoamericana. Nuestro continente tiene una gran historia, pero de dictadores, de una clase política corrupta, de un sistema judicial vendido, de economías mercantilistas explotadoras, con índices altos de pobreza, desnutrición, analfabetismo, violencia, feminicidios, xenofobias, homofobias, entre muchas más tragedias deshumanizadas. La vulnerabilidad de las personas fue lo que provocó a Jesús predicar, ¿Cuáles son nuestras motivaciones? ¿Estamos reclutando, haciendo proselitismo, o realmente estamos movidos por compasión para llevar un mensaje liberador, restaurador, y dignificador?

Existen muchas cosas que pasan en nuestra sociedad, y al parecer ya estamos acostumbrados a ellas y hasta convivimos con ellas, siendo indiferentes y evasivos, o encerrándonos en las cuatro paredes de la iglesia, olvidándonos de la misión que Jesús nos ha dejado. La evangelización que Jesús nos enseña en el Sermón del Monte es contextual, es respondiendo a situaciones concretas. Es encarnacional y empática, lo cual es mucho más difícil de aprender y practicar que seguir unos cuantos pasos y versículos para “aceptar a Cristo en el corazón”. Si nuestro evangelio no incluye la sensibilidad de Jesús hacia su contexto, no habrá ese impulso a obrar solidariamente con nuestro prójimo. Y lo difícil de esto, es que tenemos que dejar de pensar solamente en nosotros, tener una actitud de desprendimiento, y estar verdaderamente amando al prójimo. Podemos empezar, reflexionando como vería Cristo ciertas circunstancias, tomando conciencia y percatarnos de las situaciones en las que viven los que nos rodean, las personas que se nos acercan, los hermanos de nuestra comunidad, abriendo nuestros ojos para mirar de una forma misionera.  

“Es ver con los ojos del corazón y la conciencia. Corazón para sentir el dolor del necesitado como propio, y conciencia para entender, comprender, juzgar, decidir y actuar a tiempo.”[8]

La sensibilidad de Cristo era muy diferente al actuar de los religiosos de su época, lo dejó claramente explicado más adelante con la parábola del samaritano. Nuestra Latinoamérica necesita que la miremos con sensibilidad y que actuemos solidariamente como Cristo nos enseña en el Sermón del Monte, comprometiéndonos buscando su justicia y la dignificación de las personas.


[1] Sea un sermón único, o una recopilación de discursos, la estructura literaria de Mateo nos lleva a interpretarlo como un único sermón.
[2] En el presente ensayo uso la Versión de la Reina Valera Contemporánea en todas las citas bíblicas.
[3] Donald Carson. El Sermón del Monte. 19p.
[4] Mateo escribe el griego aproximadamente 20 años después que Jesús predicó el Sermón del Monte, muy probablemente en arameo. Uno de los padres de la iglesia, sostiene que Mateo púbico inicialmente su evangelio en hebreo y posteriormente la tradujo a griego.
[5] Aunque inicialmente en el Sermón se describe a los destinatarios del Sermón a los discípulos, al finalizar en el Capítulo 7 vemos que estas mismas multitudes se añadieron para escuchar el mensaje.
[6] Darío A. Lopez. La Misión Liberadora de Jesús. 51p.
[7] Jaime Murrel. Te pido la Paz por mi ciudad. 1994.
[8] Jesús A. Figueroa Quiroga. Para Sentir el dolor ajeno al estilo de Jesús en Los Desafíos de Ser cristianos en América Latina. Ediciones Puma.124p


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