miércoles, 4 de septiembre de 2019

ASPECTO SOCIAL DE LA ORACION




Reflexiones sobre el Padrenuestro (Lucas 11:1-13)

Es evidente el carácter comunitario que tiene la oración del Padrenuestro. La segunda parte de ella, que trata sobre nuestras necesidades y debilidades, está en forma de tercera persona plural: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación.”. Damos gracias a Dios, que nos da un espacio para poder reconocer y expresar nuestras necesidades, pero lo que a veces nos olvidamos es que, este espacio es para pedir por las necesidades y debilidades de nuestro prójimo. La oración no se debe centralizar en nosotros mismos, sino que es una expresión siempre comunitaria, aunque estemos en privado.

Jesús amplia esta idea de petición por el prójimo en la metáfora del amigo que toca inoportunamente a otro amigo por pan, el pan no era para él mismo, sino para compartirlo con él amigo que llegaba de viaje. Su preocupación no era precisamente su necesidad, sino la del prójimo. ¿Cómo podemos orar por el prójimo? En el Boletín de la Iglesia que asisto de esta mañana en la sección de la oración comunitaria, nos invitaba a orar: “cuando pidamos por el pan nuestro de cada día, no solo sea por el nuestro, sino también por el de los demás, que carecen de los beneficios que nuestra sociedad ofrece”[1]. Note esta última frase, "sociedad ofrece“, lamentablemente no "llueve maná para todos por igual", existe tremendas brechas de desigualdad y pobreza en Latinoamerica. Los reformadores también comenzaron a notar estas desigualdades en su tiempo, así que comenzaron a dar un sentido social a esta petición. "Danos el pan de cada día" implicaba tener una economía floreciente para todos, empleo, oportunidades, y una sociedad justa. De esta manera, en los países donde la reforma se implementada, los índices de pobreza bajaban, se dignificaba todo tipo de trabajo, y se promovía la educación, muchos lo han interpretado como el florecimiento de la civilizaciones modernas. Sin embargo, luego de centenares de años, tenemos que seguir orando por el pan de nuestro prójimo, por la eliminacion de explotación abusiva en los negocios, la falta de reconocimiento del trabajo, el mercantilismo opresor, y la corrupción a todo nivel, que roba el beneficio común para enriquecer algunos pocos, y todas aquellas cosas que privan o dificultan el alcance del pan diario al prójimo. 

De la misma manera, la petición del perdón de los pecados se convierte en una experiencia comunitaria al ser invitados a perdonar a nuestro prójimo, como principio de justicia. Los hombres creamos barreras entre nosotros, entre nuestros amigos y familia, por falta de perdón mucha gente se aleja, se aísla, o vive airada, la falta de perdón nos separa y nos carcome poco a poco. Es por eso que Jesús lo pone en un plano divino, nuestra experiencia con el perdón al prójimo se ve reflejada en la experiencia que tenemos con Dios. Así como el caso anterior, la oración elevada se convierte en peticiones de protesta contra con todo lo impide o dificulte el perdón, las peleas, la violencia que es latente en latinoamerica, divisiones, discriminaciones, e insultos a nivel familiar, eclesial y hasta social.

Es por estas razones que llamé a esta sección, el aspecto social de la oración porque es tanto una oración personal y comunitaria, pero ve más allá de sus fronteras. Esto se refleja aún más cuando reflexionamos sobre “venga tu reino”, porque no hay nada más social y hasta político que implique el Reino de Dios[2]. Jesús habla del Reino en términos de la acción poderosa y soberana que Dios hace en la tierra, en este sentido los milagros representaron señales del Reino, de una vida cualitativamente diferente a lo que esta sociedad estaba acostumbrada, y de esta manera su vida y obra eran aquella inauguración de esa nueva realidad humana-sociedad, recordar que el clímax del Reino es nueva humanidad resucitada que habíta en una nueva tierra redimida. 

Es por esta razón que, "Venga tu Reino", en realidad no es un lugar donde vamos, no escapa ni niega la realidad presente caída en la que vivimos. El Reino es algo que viene a nuestra tierra, a nuestra sociedad, es algo que irrumpe en las costumbres y formas injustas y corruptas de esta vida y de lo que conocemos, para transformarlas y transformarnos. Es en este sentido que Dietrich Bonhofer señala:

“Quien huye del mundo no encuentra a Dios. Sólo encuentra otro mundo, el suyo, mejor, más bello y más apacible, un «trasmundo», pero nunca el mundo de Dios que irrumpe en éste. El que huye de la tierra para encontrar a Dios, sólo se encuentra a sí mismo… Cuando oramos por la venida del reino sólo podemos hacerlo como los que se hallan por completo en la tierra. No puede orar por el reino quien se arranca de la miseria propia y ajena, ni quien, en el aislamiento y soledad de las horas piadosas, vive para lo «sólo-santo». Puede haber horas en que la iglesia soporte también esto; nosotros no podemos…. Las circunstancias en que hoy oramos por el reino de Dios nos impelen a la más honda solidaridad con el mundo, estando con dientes encajados y puño apretado; nos impelen no a un «sólo-santo» murmurado en la soledad, sino a un grito comunitario: «pase este mundo que nos ha encadenado en la necesidad, y venga a nosotros tu reino».”

Entonces, venga tu reino se vuelve en una oración de aceptación de la soberanía y señorío de Dios sobre todos los aspectos de la vida, lo cual implica un clamor de protesta contra tanto desastre que hay en la sociedad, anhelando la vida de justicia, amor y paz del Reino de Dios. Una oración que anhele venga tu reino, es el grito desesperado de ver tantas injusticias, tanta muerte y violencia, tanta corrupción, tanto desinterés e indiferencia por los índices altos de pobreza, contaminación, destrucción de lo natural. Venga tu Reino se vuelve una oración profética, donde mirando la realidad nos dirigimos a Dios a buscar por su Reino y justicia. 

Escrito por: 
Germán Casanova Villajuan
Integrante de Diálogos de Esperanza



[1] Boletin N°35 del 01/09/2019 de la Iglesia Presbiteriana de Pueblo Libre
[2] Lucas 6:20 “Reino de Dios les pertenece a los pobres”, 7:28 “los más pequeños como los mayores en el reino de Dios”; 8:10 “a los discípulos se les concede conocer los misterios del reino de Dios”; 9:2 “a los discípulos los envió a predicar el reino de Dios y sanar enfermos”; 9:11 “Jesús habla del reino de Dios, sanaba, alimentaba a 5 mil”; 9:27 “profetiza que algunos de sus discípulos no morirán hasta que vean el Reino de Dios”; 9:60 “anuncio del Reino al joven que quiere enterrar a su padre”; 9:62 “aptitud para el reino de Dios”; 10:9-11 “en la misión de los 72 al sanar a los enfermos tenían que decir que el reino de Dios se ha acercado”, 11:20 “el expulsar los demonios el reino de Dios se ha acercado”.

LA ORACIÓN DESDE LA NIÑEZ


Reflexiones sobre el Padrenuestro (Lucas 11:1-13)

Jesús enseña a sus discípulos y a todos nosotros que podemos acercarnos a Dios como a Padre. Un dato importante a considerar aquí, que resalta el Dr. Joachim Jeremias, quien estudió varias oraciones de los judíos y los rabinos de la época, es que ésta fue una forma novedosa de referirse a Dios, se prefería títulos más elocuentes como “Señor Soberano”, “Rey del Universo”, etc. Jesús, en cambio, lo llama Abba (Marcos 14:16; Romanos 8:15; Gálatas 4:6), que es el equivalente de Padre en arameo, pero expresado desde la voz tierna de los niños para dirigirse a sus padres[1], una palabra que nos traslada de la formalidad a la intimidad y a lo personal para dirigirse a Dios; esto fue sumamente escandaloso para los líderes religiosos de la época.

Note que la segunda metáfora que Jesús usa es sobre un niño pidiendo un “pan con pejerrey arrebozado” (pan, pescado y huevo) a su Padre. Jesús está enseñando a acercarnos a Dios como Padre reforzando la idea del Psdrenuestro, pero lo que creo que a veces se nos escapa en este punto, es que también nos está enseñando a acercarnos como niños, desde la perspectiva de la niñez, de tal forma que el Padrenuestro se convierte en “la súplica de un niño al corazón de su Padre”[2].

Este énfasis en la niñez es percibida de forma especial en la teología lucana, recordemos que es el único que se toma el tiempo en investigar y registrar algunos hechos y dichos al rededor del nacimiento de Jesucristo y un episodio en su niñez cuando fue al templo. Lo curioso a ese episodio es que desde aquella niñez, Jesús ya se refería a Dios como Padre (2:49), la cual refuerza la idea que estamos plantando, la relación Padre - Niño/ Hijo. 

En aquel tiempo a los niños se les consideraba insignificantes, sin valor ni utilidad social, como personas incompletas, desplazados. En una sociedad adulto-céntrica, hacerse niño era algo impensable, pero es precisamente a quienes Jesús los tomó como paradigma para los que iban a pertenecer al Reino, para sus seguidores, y como ejemplo para el encuentro en la oración.

Lucas 10
21 En ese momento Jesús se regocijó en el Espíritu Santo, y dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque estas cosas las escondiste de los sabios y entendidos, y las revelaste a los niños. ¡Sí, Padre, porque así te agradó!

Lucas 18
15 La gente llevaba los niños a Jesús, para que él los tocara. Cuando los discípulos vieron esto, los reprendieron; 16 pero Jesús los llamó y les dijo: «Dejen que los niños se acerquen a mí. No se lo impidan, porque el reino de los cielos es de los que son como ellos. 17 De cierto les digo: el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él.»

No es muy difícil imaginarnos porque se toma al niño como modelo, veo a mi hijo Lucas, él se levanta siempre con la expectativa de que su madre esté su lado, es lo primero busca en la mañana, no agarra el celular, ni piensa en el trabajo, ni en el sermón que tiene que predicar, solo el calor de mamá, no se preocupa por lo que va a vestir ni por lo que va a comer, sabe que cada vez que tiene hambre o frió, su mamá y papá estarán ahí. Lo veo gateando por aquí y por allá, agarrando todo, pintando todo, desordenando todo, cayéndose, llorando y a los segundos riendo, no se preocupa si su ropa se mancha, o ensucia, o moje, no tiene vergüenza de presentarse ante los demás tal como es. No tiene prejuicios, ni discrimina, acepta todo lo que sus padres dispongan de él, hasta ridículos gorros abrigadores, disfraz de winnie poh, y comidas con muy poca sal y azúcar. Juan Arias agrega a este comentario que “para el niño es normal que su padre haga milagros, que sea el más poderoso, el mejor. Le parece normal ser corregido, enseñado; jamás podrá soñar que su padre se equivoque, aunque le digan cosas que le resulten misteriosas. Hará preguntas, pero terminará creyendo”.[3]  

La oración desde la niñez, nos guía no tan solo a aventarnos a los brazos de nuestro Padre, sino a encontrarnos y a ser sinceros con nosotros mismos. Es en el territorio de los niños donde no hay pretensiones de grandeza, de soberbia, ni de exigencia. Donde se desplaza nuestra mente adulta de querer tener todo controlado, previsto, estructurado, ordenado, y con miles preocupaciones. Dios sabe que tenemos necesidad, no podemos ocultarle nada, así que acerquémonos como niños, reconociendo que somos vulnerables, frágiles, sensibles, que fallamos y pecamos mucho, que no somos tan fuerte como proyectamos que somos, que no sabemos todo, y que a veces hasta dudamos. Nuestro Dios se ha mostrado como un padre afectivo, amoroso, que busca lo bueno y lo mejor para sus hijos, tal como lo dice la metáfora.




[1] Donald Carson. El Sermón del Monte.
[2] Dietrich Bonhofer. El Precio de la Gracia. 113p.
[3] Juan Arias citado por Edesio Sanchez. Seamos como Niños. 57p.

Escrito por:
Germán Casanova Villajuan
Integrante del Equipo Diálogos de Esperanza

LA ORACIÓN COMO RELACIÓN


Reflexiones sobre Lucas 11:1-13


Cuando los discípulos se acercaron a Jesús a preguntarle sobre la oración, Lucas nos cuenta que Jesús había terminado de orar. Esto es algo común entre todos los evangelistas, todos muestran a Jesús invirtiendo una gran cantidad de tiempo en la oración, después de ciertos eventos, se alejaba de todo a tener un momento a “solas” con su Padre. Hasta este momento, Lucas narra hasta en 6 ocasiones donde Jesús se encuentra orando: es el único que cuenta sobre una oración en su Bautismo (3:16); al crecer su fama al sanar al leproso (5:16); antes de elegir y llamar a sus discípulos (6:12-13); antes del anuncio de su muerte (9:18); antes de la transfiguración (9:28); y cuando regresaron los 72 enviados (10:21). Al parecer Lucas incluye una narración de oración en circunstancias particulares y especiales en la misión de Cristo, y lo muestra como un ejemplo de vida de oración.

En todos estos momentos de oración, los discípulos fueron testigos, estaban ahí, lo veían alejarse desde muy temprano para ora; pero los discípulos no eran ajenos a la practica de la oración, las oraciones más comunes entre los judíos fueron el “Shema”, el cual era una composición de Deuteronomio 6:4-9; 11:13-21 y Números 15:37-41; otra fue el “Shemoneh ‘esray”, la cual es una composición de 18 oraciones para diversas ocasiones en el día [1]. Este era un pueblo que estaba acostumbrado a orar, tenían un libro sagrado dedicado a oraciones “los salmos”, desarrollaron oraciones para todo tipo de ocasión y circunstancias, el mismo Jesús señaló en el Sermón del Monte que sus líderes religiosos elevaban oraciones públicas a toda voz (Mateo 6:5), en dicho sermón, Jesús no los acusó por su falta de práctica y frecuencia de oración sino por sus motivaciones. 

¿Realmente los discípulos no sabían orar? ¿Nunca habían orado en su vida? Había algo diferente en la vida de oración de Jesús, a comparación de lo que ellos estaban acostumbrados, y hasta de sus mismas oraciones que alguna vez habían hecho, y esto fue el impulso que los llevó a pedirle que les enseñe a orar.


Como gran pedagogo, Jesús los lleva a pensar sobre la oración en términos de la amistad y la familia, usó una metáfora sobre un “amigo que viene a visitar a otro amigo y como este no tenía que ofrecerle se fue por ayuda a otro amigo”, y usó otra metáfora sobre un “padre y su hijo”.  Aunque la intención de Jesús no es enseñar sobre la amistad ni la paternidad, utilizo estas figuras cotidianas para enseñar sobre las implicancias de la oración en sus vidas. Ver la oración como la amistad y la paternidad, es ver la oración en términos relacionales. Pensemos en nuestros amigos, en el tiempo que podamos disfrutar con ellos en una conversación, una cena, o abriéndole nuestro corazón en medio del dolor o alegría; y ahora pensemos en aquel afecto a nuestros hijos, nuestros padres, nuestros abuelos o nietos, en aquella ternura, amor, el deseo de tenerlos cerca, en la sencillez que podemos estar con ellos. Ahora pensemos en la oración.

Por ejemplo, Mateo nos da una clave adicional: “Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis” (Mateo 6:7-8). Dios ya sabe nuestras necesidades, es más, sabe hasta lo que le vamos a pedir, El ciertamente sabe todo lo de nosotros, así que, la intención de Dios en la oración es mucho más que informarle de nuestras preocupaciones y necesidades, porque Él ya las sabe. Entonces, ¿Por qué Dios quiere que oramos?

Es evidente que la oración es mucho más que una mera conversación y diálogo como lo haríamos con cualquier persona, sino que implica muchas más, es por eso que Jesús describe la oración en términos relacionales y afectivos. La oración es un acercamiento, es tiempo, es comunión, es un encuentro, es una conexión, es una invitación a una relación. 

La oración no es un monólogo, no es algo simplemente unipersonal, aunque nosotros somos los que nos acercamos a Dios en la oración, la verdad es que el primer paso lo ha dado Dios: “Clama a mí, y yo te responderé” (Jeremías 33: 3). Dios en su gracia, nos ha convocado acércanos a Él, se ha revelado como un Dios con la disposición para escucharnos, la metáfora del amigo es una figura de contraste, en la que la “inoportunidad” del amigo realza la disponibilidad de Dios en cualquier momento. En la oración, Dios se está mostrando como Padre, Santo, Rey, Soberano, Proveedor, Salvador, y Libertador.

Esto hace de la oración una respuesta a la revelación, un segundo acto, y a la vez una confesión de fe “porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay” (Hebreos 11:6).  De esto trata el “Santificado sea tu nombre”. En aquella cultura, el nombre implicaba mucho más que las letras que identificaban a una persona, representaban la personalidad total de aquella, de tal forma que el considerar Santo el nombre de Dios es una confesión que se vuelve una adoración, del cual nos demanda un conocimiento de Él, para acercarnos apropiadamente.

¿Vemos el encuentro que ocurre en la oración? ¿Vemos lo que los discípulos veían en Jesús? Ellos no simplemente veían a un Jesús que informaba, que repetía ciertas palabras en sus oraciones, sino veían el encuentro y la comunión que Jesús tenía con su Padre cada vez que se alejaba a orar. Hasta que no veamos la oración con un encuentro con nuestro Dios, difícilmente lo pondremos como prioridad en nuestra ocupada agenda diaria.

Escrito por:
Germán Casanova Villajuan
Integrante del Equipo Diálogos de Esperanza




[1] William Barclay. Comentario al NT: Mateo.

INDIFERENCIA CONGENITA



Este articulo es un comentario al libro Esa Otra America de John A. Mackay.

¿Qué es la Indiferencia congénita ? 

La indiferencia congénita se relaciona a los más profundos valores en la vida. Según el profesor Mackay, es “pereza, inercia, falta de ganas es decir falta del impulso básico, primordial, no razonable”. 

Es ciega gana. Citando el filósofo alemán Hermann von Keyserling : “No significa falta de interés, ni falta de cualquier cosa; significa existencia ciega”. 

Lo que comprendo por “ciega gana” es que esta gana no está fundada o, mejor dicho, no es el resultado de una observación, de una reflexión de un sujeto ante tal o tal cosa, tal o tal trabajo. Una reflexión que podría inclinar el sujeto a decidir si vale la pena hacer estas cosas o no, si hay interés personal suficiente o por su familia o por la comunidad en iniciar este trabajo o no. El sujeto se deja guiar totalmente por su inclinación del momento, él no involucra la más mínima reflexión o ni siquiera la más mínima emoción. Se deja guiar por una apatía total. (si es posible...) 

En estos momentos de total apatía, el sujeto deja de vivir, de ahí la expresión de Keyserling “existencia ciega”. El sujeto se apaga el cerebro, las emociones. Como ser humano él está muerte. Un ser “totally numb”, total numbness : entumecimiento/entumecido del cerebro, adormecimiento, insensibilidad. 

El hecho de poder elegir, decidir, pensar, asumir responsabilidades, crear, asumir las consecuencias de sus acciones (y otras), da al ser humano Su dignidad, hace del ser humano un ser humano. 

A continuación, Juan A. Mackay afirma que esta existencia ciega en América latina encuentra su expresión máxima en “la vida religiosa”. Él escribe : “En ningún campo aparece tanto esta indiferencia esencial, esta falta de fe vivaz en la vida como en la vida religiosa del continente.” El fundador del Colegio San Andrés, Lima, apoya su declaración citando palabras de Keyserling y del escritor peruano, Francicso García Calderon, sobre el Catolicismo Romano en América. Y él termina recontando una historia de un amigo chileno sobre la practica (entre comillas) nueva de la religión católica de un conocido suyo que le explicaba su practica muy personal de la manera siguiente : “Yo no pienso en el asunto de la religión. La iglesia me dice en qué creer y yo acepto su enseñanza.” 

Un pequeño resumen para refrescar la memoria. 

Ahora, lo que me ha estado preguntado reflexionar es lo siguiente : El asunto me ha estado expuesto de la maneira siguiente : “El problema consiste en que los latinoamericanos tienen una suerte de pereza o ganas para hacer las cosas. El tema del artículo que escribirías seria determinar si el problema aun está presente en nuestros tiempos o no.” 

He basado mi reflexión en lo que me ha estado preguntado y también después de haber leído de novo el pasaje en el libro sobre la indiferencia congénita. No conociendo mucho el contexto de América latina, decidí hablar un poco de lo que conozco de Perú. Infelizmente cuando empecé a reflexionar sobre el asunto yo había comprendido que se trataba de un tipo de pereza que los latinos, los peruanos incluidos según Mackay tenían. Y mi propria observación muy limitada es que los Peruanos hoy en día no paran de trabajar, de estudiar … No tengo mucho para decir. He preguntado sobre este asunto a unas personas en mi alrededor que me dijeron lo mismo. Que los Peruanos trabajan duro, unos desde muy jovencitos (aquí en la grande ciudad, allá en el campo), muchos para poder dar una buena educación a sus hijos. … Y que probablemente el hueco de esta manera de vivir es que los padres no tienen mucho tiempo de presencia con sus hijos. 

Pero ayer, antes de escribir, he leído el pasaje de novo con más concentración y he comprendido que se trata más de una pereza existencial (o falta de existencia) que una pereza física o intelectual. Y para contestar esta pregunta, necesitaría que hacer una encuesta para conocer las motivaciones o falta de motivaciones de los peruanos. O tendría que hablar, conocer, observar mucho más a la gente acá. Pienso que hay mucho más que decir en el asunto, pero realmente no sé. Me parece que he encontrado en Perú personas que intentan actuar después de haber pensado bien las cosas. 

Me falta mucho conocimiento...

Escrito por: 
Marie-Magdeleine Berthoud
Integrante del Equipo de Diálogos de Esperanza

EL NUNC DIMITTIS

Reflexiones sobre Simón y el bebe Jesús de Lucas 2:21-40  (Parte II) Lucas 2 25 Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeó...