Este fue uno de los ensayos presentados que ganó el concurso con motivo del VIII Congreso de la Juventud Presbiteriana en el Perú: Trujillo 2019 titulado "Desafíos para los cristianos latinoamericanos basados en el Sermón del Monte" (Parte 4) escrito por Germán Casanova, del equipo de Diálogos de Esperanza.
DESAFIO
4 – LUCHA CONTRA LA FALSA RELIGIOSIDAD FANÁTICA IDOLÁTRICA Y DUALISTA
Un desafío puede
manifestarse también a través de una advertencia. Uno no solo aprende de los
aciertos, sino también de los desaciertos. Jesús incluye una sección de advertencias
en el Sermón del Monte a “guardarse” de la falsa religiosidad, así como surgió
con los religiosos hipócritas de la época (Mateo 6:1-18).
Surge algo paradójico aquí,
porque la crítica del obrar delante de los hombres, es promovida versículos
anteriores. Aquí, Jesús menciona la triada religiosa de las limosnas,
oraciones, y ayunos, de las cuales estos hipócritas no carecían, sino que las
realizaban para glorificarse a sí mismos, en búsqueda del aplauso y
reconocimiento para sus partidos religiosos. Este sigue siendo el problema de
la iglesia el día de hoy, y hasta se ha teologizado. La corriente eclesiocéntrica,
evalúa la cristiandad y espiritualidad en términos del involucramiento y participación
en la estructura llamada iglesia, y lo expreso en estos términos porque la
iglesia son las personas y no la organización. Se mide la fidelidad a Dios en
términos de la fidelidad eclesiástica. John A Mackay nos advierte en no
convertir a la estructura en un fin en sí mismo[1],
cuando el fin es el propósito y misión del Reino de Dios.
En el Sermón del Monte,
Jesús les recuerda a estos fanáticos que la misión evangelizadora busca que las
personas sean más humanas con el prójimo que religiosas. Pero aquí nos topamos
con otro desafío que ha producido el eclesiocentrismo en los cristianos: el
dualismo entre iglesia y mundo. Muchos cristianos no quieren saber nada del
mundo y de su humanidad porque todo es pecaminoso. Siguen un camino espiritual
y místico totalmente divorciado con la materialidad[2]
de la vida. Esto se ha vuelto una expresión religiosa, mal guiados y enseñados,
de que Dios no está interesado en el mundo y su historia. Es muy pertinente el
comentario de John Stott sobre este punto:
“el Dios vivo es el Dios de la naturaleza además de ser el Dios de
la religión, de lo «secular» además de lo «sagrado». Ya que todo es «sagrado»,
pues todo le pertenece, y nada es «secular», por cuanto nada le es ajeno…
Deberíamos ser más agradecidos de lo que generalmente somos por los buenos
dones de un Creador bueno: el sexo, el matrimonio y la familia; la belleza y el
orden del mundo natural; el trabajo y el tiempo libre; la amistad y la
experiencia de participar de una comunidad interracial e intercultural; la
música y otras manifestaciones del arte creativo que enriquecen la vida humana.
A menudo nuestro Dios es demasiado pequeño porque es demasiado religioso. Nos
parece que sólo le interesa la religión: los edificios religiosos (templos y
capillas), las actividades religiosas (la adoración y la liturgia) y los libros
religiosos (la Biblia y libros devocionales). Por cierto, esto le interesa,
pero sólo si se relaciona con toda la vida.”[3]
El desafío es la
secularización de nuestro mensaje. Como Iglesia estamos dentro de la sociedad y
nuestras preocupaciones y búsquedas deben ser la materialización del Reino de
Dios en ella, ante tantas injusticias y perversidades. Algo que llamó mucho mi
atención es cuando el Dr. Alberto Roldán señaló que la Iglesia debe convertirse
al mundo, y cuestiona retóricamente si esto ¿No debería ser al revés?, en sus
palabras:
“Este planteamiento puede resultar provocador… La iglesia no puede
abroquelarse en sí misma y no tomar en cuenta al mundo en el sentido de la
historia, la cultura y la autonomía de las ciencias. En otras palabras, la
iglesia debe hacerse mundo en el sentido de encarnarse en el tiempo y espacio,
y sobre todo, encarnarse en la cultura a la cual quiere darle la Buena Nueva.”[4]
Los
religiosos de la época de Jesús se olvidaron de la vida, para seguir sus ritos
y costumbres religiosas, aparentando una falsa glorificación a Dios. Más
importante era el programa, estaban totalmente deshumanizados y centrados en su
organización farisaica. Que Dios nos libre de caer en esta situación, de
idolatrar la estructura eclesiástica, de sobre-concentrarnos en las actividades
y programas que de la vida misma, pero sobre todo de olvidarnos que la Misión
de Dios está en la historia de “allá” afuera, y que nosotros somos los agentes
de la materialización de su Reino. Esto
me hace recordar, que en cierta ocasión donde casi toda la comunidad de la
iglesia donde pertenezco se movilizó para llevar a cabo la celebración de nuestro
aniversario, un tiempo muy cálido en familia, el Ps Pedro Arana nos recordó
que: “una cosa es el trabajo en la
Iglesia y otra, el trabajo de la Iglesia”[5].
Con estas palabras felicitaba el esfuerzo de los hermanos, pero a la vez nos
exhortaba a tener esa misma disposición para cumplir la misión de la iglesia.
El
desafío está en el mundo, no para dar un mensaje religioso divorciado de la
realidad y de la vida cotidiana, no para criticar los “malos frutos” de los
“malos arboles”, como si se puede esperar algo diferente de una imposición prohibicionista,
tampoco viéndolos como clientes a quienes pasamos al siguiente si no nos quieren
escuchar. Es necesario preocuparnos realmente por las personas, aprender a
escucharlas, al diálogo y ganarnos el derecho de ser escuchados para presentar
a Cristo. En las palabras de John Stott:
“Pues si la misión cristiana ha de tener la misión de Cristo por
modelo, seguramente implicará que nosotros debemos entrar en el mundo de los
demás tal como lo hizo Cristo. En la evangelización, implicará ingresar en el
mundo de su pensamiento, su tragedia y su desorientación, con el fin de
llevarles a Cristo allí adonde se encuentren”[6].
DESAFIÓ 5 – LA MISIÓN ES COMUNITARIA Y ECUMÉNICA
Por último, es interesante
observar el uso constante del plural en el Sermón del Monte. Los
bienaventurados son muchos, no se habla de granos de sal o lux de luz sino de “vosotros sois”, una comunidad de sal y
luz, las obras que se realizarán en la sociedad es “vuestra” (Mateo 5:16), y aquellos tienen que ser maduros y
perfectos como “vuestro Padre es
perfecto” (Mateo 5:48). La advertencia de la religiosidad también está en
plural, la cual puede manifestarse como una problemática comunitaria (Mateo
6:1). Jesús mismo enseña acercarse a Dios en oración en forma comunitaria “Padre nuestro que estas en los cielos”,
y a solicitar el cumplimiento de voluntad y la manifestación de su Reino como
parte de su nueva comunidad (Mateo 6:9-15). Estas expresiones plurales no son
incidentales porque había un grupo de personas escuchándolo, porque en diversas
veces habla sobre las expresiones individuales también. Esto queda
completamente claro en un sermón posterior, en donde comisiona a los discípulos
en grupo. La misión que tenían que cumplir era en comunidad, y la fundamenta a
base de la unión que tenía el Padre con él.
“Tal como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo.
Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean
santificados en la verdad. Pero no ruego solamente por éstos, sino también por
los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno;
como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros;
para que el mundo crea que tú me enviaste. Yo les he dado la gloria que me
diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí,
para que sean perfectos en unidad, para que el mundo crea que tú me enviaste, y
que los has amado a ellos como también a mí me has amado.” (Juan 17:18-22)
Pero esta no es una simple
reunión entre discípulos, sino es una experiencia espiritual en la que, en
Cristo, estamos sus discípulos místicamente unidos. Esto hace la experiencia
cristiana no solamente algo personal, sino comunitaria. El desafío para los
cristianos es aprender a vivir y trabajar en comunidad para el avance del Reino
de Dios, en una era sumamente individualista. El mensaje de Cristo es de unir a
las personas, reconciliarlas, e integrarlas a la comunidad, para enviarlos
juntos a la misión. No tenemos por qué trabajar solos.
Otro de los desafíos es la
cooperación ecuménica. La Iglesia de Cristo es una, aunque diversa. Nancy
Bedford lo pone en estos términos:
“La ecumenicidad es la contraparte misional de la unidad eclesial,
no entendida como uniformidad burocrática sino como una unidad que tiene como
modelo la intercompenetración de las tres personas… se regocija en la diversidad
de dones… los cuales se manifiestan tanto en las múltiples personalidades y
talentos de una congregación local, como en los diversos dones que aportan las
diferentes confesiones y denominaciones cristianas a la iglesia universal”[7].
Debemos aprender a superar
nuestras diferencias para que juntos podamos ser aquella Sal y Luz que nuestra
sociedad latinoamericana necesita. El trabajo cooperativo es sinérgico, los
resultados son mejores, por ser parte es un fruto espiritual llamado amor. Nunca
olvidemos que la teología es reflexión humana, y como tal un instrumento para
un fin, y no el fin en si mismo. Es en este sentido que John A. Mackay dijo: “Yo puedo decir con entera sinceridad y sin
exageración alguna, que soy más presbiteriano en el día de hoy que en cualquier
otro momento de mi vida. Pero agrego en seguida que soy al mismo tiempo menos
presbiteriano en el día de hoy que en cualquier otro momento de mi vida”[8].
Porque entendía que la Iglesia de Cristo es universal y única, pero no
uniforme. Esto no es un llamado a las fusiones institucionales o doctrinales sino,
como nos recuerda el pastor Pedro Arana que “la proclamación del evangelio y el servicio de amor deben convocarnos a
la unidad…que se exprese en formas nuevas de cooperación, una unidad esencial”[9].
[1] John A. Mackay. Realidad e
idolatría en el cristianismo contemporáneo 49p.
[2] Expreso el termino
material, en su sentido físico no económico.
[3] John Stott. La Fe Cristiana Frente a
los Desafíos Contemporáneos. 39p.
[4] Alberto Roldan. Atenas y
Jerusalén en Dialogo. 197p.
[5] Pedro Arana Quiroz.
Aniversario N°45 de la Iglesia Presbiteriana de Pueblo Libre. Diciembre del
2018.
[6] John Stott. La Fe Cristiana Frente a
los Desafíos Contemporáneos. 46p.
[7] Nancy E. Beforad en Rene
Padilla. La Iglesia Local como Agente de Transformación. 57p.
[8] John A. Mackay. Realidad e
idolatría en el cristianismo contemporáneo 17p.
[9] Pedro Arana en Rene
Padilla. La Iglesia Local como Agente de Transformación.154p.

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