Este fue uno de los ensayos presentados que ganó el concurso con motivo del VIII Congreso de la Juventud Presbiteriana en el Perú: Trujillo 2019 titulado "Desafíos para los cristianos latinoamericanos basados en el Sermón del Monte" (Parte 3) escrito por Germán Casanova, del equipo de Diálogos de Esperanza.
DESAFÍO 3 – INTEGRIDAD E INFLUENCIA DEL DISCÍPULO EN LA SOCIEDAD
Este desafío está
relacionado al mensaje de ser agentes del Reino como “Sal y Luz” en la sociedad
donde nos encontramos (Mateo 5:13-16). Es importante notar que los elementos
que Jesús usa como metáforas, no se refieren solamente a la conducta del cristiano
en la sociedad, sino a su capacidad de influir, salar y alumbrar la insipidez,
la corruptibilidad y la oscuridad. Sin tanto especular al respecto, Jesús
explica que esta influencia es a través de las buenas obras “delante de los
hombres”.
Jesús ya había señalado cómo
él y su mensaje beneficiarían aquellos que están en una posición vulnerable,
marginada, e injusta de la sociedad humana. Posterior a estos pasajes, enseña
sobre la dignidad del ser humano y la importancia de la reconciliación (Mateo
5:21-26), de la integridad personal y la forma de considerar y ver a la mujer
(Mateo 5:27-30), de defender a la parte indefensa e inocente cuando un matrimonio
se quiebra (Mateo 5:31-32), de la importancia de hablar siempre con verdad
(Mateo 5:33-37), de la no venganza y no violencia (Mateo 5:28-32), y del amor
lleno de gracia hasta por nuestros enemigos (Mateo 5:43-48). Todos son casos
ejemplares de cómo ser Sal y Luz en situaciones concretas de la vida cotidiana
en la sociedad. Así que, ser Sal y Luz es una expectativa, una invitación y un
desafío a tener un carácter íntegro e influyente en nuestras vocaciones en la
sociedad[1].
El desafío de ser íntegros
consiste en que nuestro modo de vivir en la sociedad debe corresponder a
nuestro mensaje. Una de las frases en latín que más me recuerda del impacto de
la Reforma Protestante en la vida cotidiana es “CORAM DEO” que traducido
significa “en la presencia de Dios”, pero llegó a ser un lema que resumía la
idea de “cristianos viviendo en la
presencia de Dios, bajo la autoridad de la Palabra de Dios, y para la gloria de
Dios”. Con esta frase se daba entender, que no tan solo se está en la
presencia de Dios cuando uno se encuentra en el templo, sino en cada momento de
nuestra vida, no podemos escapar de su presencia como lo expresa David (Salmos
13:7-9); por lo tanto, todo lo que hagamos en el día y cada detalle de nuestra
vida tiene significancia. La exhortación de Jesús sigue vigente: “sean ustedes perfectos, como su Padre que
está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:48).
El desafío de influir, no es
tan solo mostrar y comportarse “cristianamente” sino que es un llamado a tener
un efecto en la sociedad con las enseñanzas del “Reino y su justicia” que nos dejó como comisión buscar (Mateo
6:33). No podemos seguir siendo indiferentes y aislándonos de esta sociedad,
tenemos un llamado y una responsabilidad de accionar. John Stott comenta sobre
este punto que:
“Como cristianos solemos lamentar la decadencia de las normas del
mundo con un aire de consternación farisaica. Criticamos la violencia, la
deshonestidad, la inmoralidad, la codicia materialista y la falta de respeto
por la vida… ¿Quién tiene la culpa? Permítanme expresarlo en estos términos: Si
la casa está a oscuras cuando cae la noche, no tiene sentido culpar a la casa,
pues eso es lo que sucede cuando baja el sol. La pregunta que se debe hacer es
«¿dónde está la luz?» Si la carne se echa a perder y se vuelve incomible, no
tiene sentido culpar a la carne, pues eso es lo que sucede cuando se deja que
las bacterias se reproduzcan. La pregunta que se debe hacer es «¿dónde está la
sal?» Análogamente, si hay un deterioro de la sociedad y una decadencia de
valores, hasta parecerse a la oscuridad de la noche o a un pescado pestilente,
no tiene sentido culpar a la sociedad… La pregunta que se debe hacer es «¿dónde
está la Iglesia? ¿Por qué la sal y la luz de Jesucristo no están permeando y
cambiando la sociedad?»”[2]
Uno de los cuestionamientos
que me hacía al estudiar estos pasajes era de: ¿Cómo puedo influir en la
sociedad que providencialmente Dios me colocó? No tengo ningún cargo ni vocación
política como para hacer algo para mi sociedad que tanto carece de justicia y de
calidad de vida. Descubrí que el llamado que Dios me estaba haciendo de ser Sal
y Luz, no era donde no había me puesto, sino donde actualmente me encuentro. Soy esposo y padre, y tengo mucho que hacer
ahí, soy ingeniero y jefe en la compañía que trabajo, y ahora lucho con mi
propio jefe, para condiciones más humanas, pagos más justos y a tiempo,
implementando valores de justicia como principios, y tengo mucho más que hacer,
especialmente con la corrupción por parte de algunas áreas de la compañía en
procesos de licitación. En las oraciones comunitarias de la Iglesia
Presbiteriana de Pueblo Libre[3]
aprendí que una manera de influir en la sociedad es orando por ella, por sus
gobernantes, a que prevalezca la justicia frente toda oposición, por aquellos
personajes que arriesgan sus vidas por la verdad para el beneficio de la
sociedad, y a que cada tragedia de violencia que pase por los noticieros sean
un motivo de ponerme de rodillas y pedir por las personas afectadas,
indefensas, y vulnerables, a orar “venga tu reino, hágase tu voluntad en la
tierra como en el cielo”.
Aunque las oraciones son muy
importantes, porque la única manera en que tengamos algún efecto en la sociedad
es por medio de la acción del Espíritu Santo, estas no pueden ser de ninguna
manera evasivas. Las oraciones nos ponen en responsabilidad, y nuestra misión como
iglesia incluye un elemento profético[4],
de protesta y denuncia de las injusticias, las falsedades y las iniquidades en
el ámbito social y político, tal como lo hicieron los profetas del antiguo
testamento en sus contextos, anunciando “un
nuevo orden más justo, más solidario y más humano”[5].
Esta protesta puede realizarse en diferentes frentes, según los accesos que
tenemos y contamos, dependiendo de la vocación que tengamos. Me ha sido útil el
Facebook en algunas circunstancias, pero tal como dice John Stott “la movilización publica es un arma eficaz”[6].
Dios nos ha puesto en
ciertos lugares para desarrollarnos como personas y servirle en nuestras
familias, vocaciones, iglesia, y en todo lugar que nos ha permitido estar. No
tan solo tomemos conciencia de la importancia de nuestra integridad, sino reflexionemos
de qué manera podemos influir. Una observación interesante que dice Jesús es que
las personas no cristianas que vean aquellas “buenas obras” terminarán “glorificando
al Padre”. El ser Sal y Luz son evangelizadoras, solo Cristo puede generar
ese cambio en nosotros y ese cambio en nuestra sociedad.
[1] Me refiero a vocaciones
porque es en nuestras escuelas, universidades, y trabajos donde pasamos el
mayor número de horas en el día.
[2] John Stott. La Fe
Cristiana Frente a los Desafíos Contemporáneos. 94p.
[3] Estas son oraciones, parte
de la liturgia de la iglesia, escritas en el boletín del programa del culto, y
juntamente oramos el que dirige y la comunidad en un mismo sentir.
[4] Ver la teología de la Misión
Integral por Rene Padilla, Pedro Arana, Samuel Escobar.
[5] Pedro Arana en Rene
Padilla. La Iglesia Local como Agente de Transformación. 156p.
[6] John Stott. La Fe
Cristiana Frente a los Desafíos Contemporáneos. 101p.

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