jueves, 21 de marzo de 2019

DESAFÍOS EN EL SERMÓN DEL MONTE - Parte 3


Este fue uno de los ensayos presentados que ganó el concurso con motivo del VIII Congreso de la Juventud Presbiteriana en el Perú: Trujillo 2019 titulado "Desafíos para los cristianos latinoamericanos basados en el Sermón del Monte" (Parte 3) escrito por Germán Casanova, del equipo de Diálogos de Esperanza.


DESAFÍO 3 – INTEGRIDAD E INFLUENCIA DEL DISCÍPULO EN LA SOCIEDAD

Este desafío está relacionado al mensaje de ser agentes del Reino como “Sal y Luz” en la sociedad donde nos encontramos (Mateo 5:13-16). Es importante notar que los elementos que Jesús usa como metáforas, no se refieren solamente a la conducta del cristiano en la sociedad, sino a su capacidad de influir, salar y alumbrar la insipidez, la corruptibilidad y la oscuridad. Sin tanto especular al respecto, Jesús explica que esta influencia es a través de las buenas obras “delante de los hombres”.

Jesús ya había señalado cómo él y su mensaje beneficiarían aquellos que están en una posición vulnerable, marginada, e injusta de la sociedad humana. Posterior a estos pasajes, enseña sobre la dignidad del ser humano y la importancia de la reconciliación (Mateo 5:21-26), de la integridad personal y la forma de considerar y ver a la mujer (Mateo 5:27-30), de defender a la parte indefensa e inocente cuando un matrimonio se quiebra (Mateo 5:31-32), de la importancia de hablar siempre con verdad (Mateo 5:33-37), de la no venganza y no violencia (Mateo 5:28-32), y del amor lleno de gracia hasta por nuestros enemigos (Mateo 5:43-48). Todos son casos ejemplares de cómo ser Sal y Luz en situaciones concretas de la vida cotidiana en la sociedad. Así que, ser Sal y Luz es una expectativa, una invitación y un desafío a tener un carácter íntegro e influyente en nuestras vocaciones en la sociedad[1].

El desafío de ser íntegros consiste en que nuestro modo de vivir en la sociedad debe corresponder a nuestro mensaje. Una de las frases en latín que más me recuerda del impacto de la Reforma Protestante en la vida cotidiana es “CORAM DEO” que traducido significa “en la presencia de Dios”, pero llegó a ser un lema que resumía la idea de “cristianos viviendo en la presencia de Dios, bajo la autoridad de la Palabra de Dios, y para la gloria de Dios”. Con esta frase se daba entender, que no tan solo se está en la presencia de Dios cuando uno se encuentra en el templo, sino en cada momento de nuestra vida, no podemos escapar de su presencia como lo expresa David (Salmos 13:7-9); por lo tanto, todo lo que hagamos en el día y cada detalle de nuestra vida tiene significancia. La exhortación de Jesús sigue vigente: “sean ustedes perfectos, como su Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:48).

El desafío de influir, no es tan solo mostrar y comportarse “cristianamente” sino que es un llamado a tener un efecto en la sociedad con las enseñanzas del “Reino y su justicia” que nos dejó como comisión buscar (Mateo 6:33). No podemos seguir siendo indiferentes y aislándonos de esta sociedad, tenemos un llamado y una responsabilidad de accionar. John Stott comenta sobre este punto que:  

“Como cristianos solemos lamentar la decadencia de las normas del mundo con un aire de consternación farisaica. Criticamos la violencia, la deshonestidad, la inmoralidad, la codicia materialista y la falta de respeto por la vida… ¿Quién tiene la culpa? Permítanme expresarlo en estos términos: Si la casa está a oscuras cuando cae la noche, no tiene sentido culpar a la casa, pues eso es lo que sucede cuando baja el sol. La pregunta que se debe hacer es «¿dónde está la luz?» Si la carne se echa a perder y se vuelve incomible, no tiene sentido culpar a la carne, pues eso es lo que sucede cuando se deja que las bacterias se reproduzcan. La pregunta que se debe hacer es «¿dónde está la sal?» Análogamente, si hay un deterioro de la sociedad y una decadencia de valores, hasta parecerse a la oscuridad de la noche o a un pescado pestilente, no tiene sentido culpar a la sociedad… La pregunta que se debe hacer es «¿dónde está la Iglesia? ¿Por qué la sal y la luz de Jesucristo no están permeando y cambiando la sociedad?»[2]
Uno de los cuestionamientos que me hacía al estudiar estos pasajes era de: ¿Cómo puedo influir en la sociedad que providencialmente Dios me colocó? No tengo ningún cargo ni vocación política como para hacer algo para mi sociedad que tanto carece de justicia y de calidad de vida. Descubrí que el llamado que Dios me estaba haciendo de ser Sal y Luz, no era donde no había me puesto, sino donde actualmente me encuentro.  Soy esposo y padre, y tengo mucho que hacer ahí, soy ingeniero y jefe en la compañía que trabajo, y ahora lucho con mi propio jefe, para condiciones más humanas, pagos más justos y a tiempo, implementando valores de justicia como principios, y tengo mucho más que hacer, especialmente con la corrupción por parte de algunas áreas de la compañía en procesos de licitación. En las oraciones comunitarias de la Iglesia Presbiteriana de Pueblo Libre[3] aprendí que una manera de influir en la sociedad es orando por ella, por sus gobernantes, a que prevalezca la justicia frente toda oposición, por aquellos personajes que arriesgan sus vidas por la verdad para el beneficio de la sociedad, y a que cada tragedia de violencia que pase por los noticieros sean un motivo de ponerme de rodillas y pedir por las personas afectadas, indefensas, y vulnerables, a orar “venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”.

Aunque las oraciones son muy importantes, porque la única manera en que tengamos algún efecto en la sociedad es por medio de la acción del Espíritu Santo, estas no pueden ser de ninguna manera evasivas. Las oraciones nos ponen en responsabilidad, y nuestra misión como iglesia incluye un elemento profético[4], de protesta y denuncia de las injusticias, las falsedades y las iniquidades en el ámbito social y político, tal como lo hicieron los profetas del antiguo testamento en sus contextos, anunciando “un nuevo orden más justo, más solidario y más humano”[5]. Esta protesta puede realizarse en diferentes frentes, según los accesos que tenemos y contamos, dependiendo de la vocación que tengamos. Me ha sido útil el Facebook en algunas circunstancias, pero tal como dice John Stott “la movilización publica es un arma eficaz”[6].

Dios nos ha puesto en ciertos lugares para desarrollarnos como personas y servirle en nuestras familias, vocaciones, iglesia, y en todo lugar que nos ha permitido estar. No tan solo tomemos conciencia de la importancia de nuestra integridad, sino reflexionemos de qué manera podemos influir. Una observación interesante que dice Jesús es que las personas no cristianas que vean aquellas “buenas obras” terminarán “glorificando al Padre”. El ser Sal y Luz son evangelizadoras, solo Cristo puede generar ese cambio en nosotros y ese cambio en nuestra sociedad.


[1] Me refiero a vocaciones porque es en nuestras escuelas, universidades, y trabajos donde pasamos el mayor número de horas en el día.
[2] John Stott. La Fe Cristiana Frente a los Desafíos Contemporáneos. 94p.
[3] Estas son oraciones, parte de la liturgia de la iglesia, escritas en el boletín del programa del culto, y juntamente oramos el que dirige y la comunidad en un mismo sentir.
[4] Ver la teología de la Misión Integral por Rene Padilla, Pedro Arana, Samuel Escobar.
[5] Pedro Arana en Rene Padilla. La Iglesia Local como Agente de Transformación. 156p.
[6] John Stott. La Fe Cristiana Frente a los Desafíos Contemporáneos. 101p.

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