Reflexiones sobre Lucas 4:16-21 / Isaias 61
Lucas 4
16 Jesús fue a Nazaret, donde se había criado, y en el día de reposo entró en la sinagoga, como era su costumbre, y se levantó a leer las Escrituras. 17 Se le dio el libro del profeta Isaías, y al abrirlo encontró el texto que dice: 18 «El Espíritu del Señor está sobre mí. Me ha ungido para proclamar buenas noticias a los pobres; me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos, a dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos 19 y a proclamar el año de la buena voluntad del Señor.» 20 Enrolló luego el libro, se lo dio al asistente, y se sentó. Todos en la sinagoga lo miraban fijamente. 21 Entonces él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de ustedes.»
Esta pericopa es conocida como el Manifiesto de Nazaret o el Manifiesto Mesiánico, en donde Jesús, en un día de reposo (sábado), en la sinagoga de la ciudad de Nazaret, lee Isaías
61 y lo toma como fundamento bíblico, espiritual y teológico para describir su
misión.
El pasaje que lee
se encuentra parcialmente en Isaías 61:1-3, considerado como un cántico o un poema
de esperanza, en donde se vislumbra la idea de una intervención divina y
poderosa en la época postexilica de la historia de Israel, cuando los deportados en babilonia estaban
regresando a la ciudad, después de un largo periodo de estar en cautiverio, a una ciudad y
templo destruidos, pero en proyecto de reconstrucción.
Al analizar estos
versículos en el contexto de Tritoisaias (Isaías 55-66), se observa que
funcionan como un tipo de relato de vocación y misión. La persona que se alude
en estos versos ha sido escogida y ungida por Dios para que proclame salvación
y liberación. El mensaje proclamado (note todas las veces que parece) juega un
papel importante dentro de su misión, pero a la vez es el Ungido que hace
posible la liberación mediante la implementación de la justicia de Dios, veamos como termina el capítulo.
Isaias 61
8 Yo, el Señor, amo la justicia y aborrezco el robo y la maldad; así que afirmaré en verdad sus obras y haré con ellos un pacto perpetuo. 9 Sus hijos y descendientes serán conocidos entre las naciones y en medio de los pueblos; todos los que los vean reconocerán que son el linaje bendito del Señor. 10 Yo me regocijaré grandemente en el Señor; mi alma se alegrará en mi Dios. Porque él me revistió de salvación; me rodeó con un manto de justicia; ¡me atavió como a un novio!, ¡me adornó con joyas, como a una novia! 11 Así como la tierra produce sus renuevos, y así como el huerto hace que brote su semilla, así Dios el Señor hará brotar la justicia y la alabanza a los ojos de todas las naciones.
Jesus toma este texto de Isaias y
contextualiza la Unción del Espíritu Santo a su entorno histórico, religioso,
político y social,
y siguiendo la tradición misionera del Ungido del Señor de Isaías, enseña sobre
el carácter de su mensaje y acción dentro de su misión.
Tanto la proclamación,
la salvación, la restauración, y la implementación de la justicia divina están
entrelazados en la misión que encontramos Isaías. Notemos que la proclamación
de las buenas noticias, estaba acompañado con el vendar a los quebrantados, con la liberación de los cautivos y prisioneros, y con la consolación de los tristes y
afligidos. El clímax de la proclamación del Ungido está en el anuncio de “el año de la buena voluntad del
Señor”. Este es una figura que hace referencia al año de
Jubileo
(Levítico 25:10). El año de jubileo fue un mandamiento que Dios le entrego a la
Israel al salir del Éxodo, en la que cada 50 años se debía proclamar la
libertad a los israelitas que habían sido esclavizados por las deudas, y una
restauración de las tierras a familias que se habían visto obligadas a venderlas
debido a necesidades. La idea principal del jubileo era la de libertad,
restauración y de deudas pagadas. Lo curioso, es que no existe ninguna
narración o registro sobre el cumplimiento del jubileo en Israel. “Esta negligencia ocurrió no tanto debido a
que el jubileo fuera económicamente imposible, sino que se volvió inoperante
dada la escala de desintegración social”. De esta manera los
conceptos de libertad y restauración fueron dos componentes simbólicos de la
era mesiánica.
Inmediatamente después
leer el pasaje en Isaías, Jesús enrolla el libro, se lo dio al asistente y se
sentó. Esto no quiere decir que ya había terminado, sino todo lo contrario, que
lo siguiente a decir era algo pensado y reflexionado, el sentarse era el típico
gesto que hacían los rabinos como indicadores que se iniciaría una enseñanza muy
importante, y dice lo siguiente: “Hoy se
ha cumplido esta Escritura delante de ustedes”
Con estas palabras
Jesús entiende y proclama su misión, con la instauración de aquella era
mesiánica de salvación, restauración y e implementación de justicia. Era un mensaje para “hoy”, su realidad
inmediata, en el “ahora”, en el sufrimiento, pobreza y opresión que el pueblo
estaba experimentando. Un mensaje de esperanza que “hoy” el mal por fin es
vencido, y que “hoy” es el inicio de una nueva realidad de vida, a que llama el
Reino de Dios. Notemos que Jesucristo, en misión, se enfocaba tanto en lo
espiritual como en lo material, no hablaba en términos abstractos e ideas
teóricas, sino en términos específicos y concretos desde la vulnerabilidad de
lo humano. En su mensaje no había dicotomías, encontró a la humanidad en
necesidad, y proclamo y proveyó integralmente para su salvación.
La proclamación de salvación,
liberación y restauración tenían un carácter político y social, no se disparaba
al “más allá”, sino oraba “venga tu Reino” aquí a nuestra tierra, a nuestra
realidad, a nuestra familia, a nuestra sociedad. Todas las acciones milagrosas
y sobrenaturales eran señales de la llegada de aquel Reino, del año de la buena
voluntad en la historia de la humanidad, mostrando el sentido de la vida, dignificando
a los invisibles, vendando a los quebrantados, devolviendo el control de sus
vidas a los indeseados, y sobre todo enseñándonos el verdadero amor a Dios y al
prójimo.
El Señor nos ha mandado
a proclamar su evangelio de forma integral, debemos ser sensibles y compasivos
con las necesidades de las personas que nos rodean, amar y servir al prójimo de
forma incondicional, a tener programas que busquen liberar, restaurar,
reconciliar, defender al vulnerable y a los que no tienen voz. A denunciar toda
clase de injusticias, opresiones, y violencias. Nuestra misión no debe estar
confinada a las paredes de la iglesia solamente, sino que está ahí afuera.
Debemos tener conciencia que donde estemos, siempre estamos en misión, en
nuestros hogares, en nuestros trabajos, y en el ejercicio de nuestra
ciudadanía. Con este mensaje, Jesucristo nos invita a seguir sus pasos, y que
nuestras palabras se conviertan en acciones, nuestra predicación en servicio, y
nuestro anuncio evangelístico a denuncia profética. No seamos indiferentes con
nuestro prójimo, no nos centrémoslo en nosotros mismos, alcemos la mirada y
veamos lo que ocurre en nuestro entorno, y lo mucho que se necesita a
Cristo.
John Stott comenta: “Si la misión cristiana ha de tener la
misión de Cristo por modelo, seguramente implicará que nosotros debemos entrar
en el mundo de los demás tal como lo hizo Cristo. En la evangelización,
implicará ingresar en el mundo de su pensamiento, su tragedia y su desorientación,
con el fin de llevarles a Cristo allí adonde se encuentren”.
Escrito por:
Germán Casanova Villajuan
Integrante de Diálogos de Esperanza