miércoles, 4 de septiembre de 2019

LA ORACIÓN DESDE LA NIÑEZ


Reflexiones sobre el Padrenuestro (Lucas 11:1-13)

Jesús enseña a sus discípulos y a todos nosotros que podemos acercarnos a Dios como a Padre. Un dato importante a considerar aquí, que resalta el Dr. Joachim Jeremias, quien estudió varias oraciones de los judíos y los rabinos de la época, es que ésta fue una forma novedosa de referirse a Dios, se prefería títulos más elocuentes como “Señor Soberano”, “Rey del Universo”, etc. Jesús, en cambio, lo llama Abba (Marcos 14:16; Romanos 8:15; Gálatas 4:6), que es el equivalente de Padre en arameo, pero expresado desde la voz tierna de los niños para dirigirse a sus padres[1], una palabra que nos traslada de la formalidad a la intimidad y a lo personal para dirigirse a Dios; esto fue sumamente escandaloso para los líderes religiosos de la época.

Note que la segunda metáfora que Jesús usa es sobre un niño pidiendo un “pan con pejerrey arrebozado” (pan, pescado y huevo) a su Padre. Jesús está enseñando a acercarnos a Dios como Padre reforzando la idea del Psdrenuestro, pero lo que creo que a veces se nos escapa en este punto, es que también nos está enseñando a acercarnos como niños, desde la perspectiva de la niñez, de tal forma que el Padrenuestro se convierte en “la súplica de un niño al corazón de su Padre”[2].

Este énfasis en la niñez es percibida de forma especial en la teología lucana, recordemos que es el único que se toma el tiempo en investigar y registrar algunos hechos y dichos al rededor del nacimiento de Jesucristo y un episodio en su niñez cuando fue al templo. Lo curioso a ese episodio es que desde aquella niñez, Jesús ya se refería a Dios como Padre (2:49), la cual refuerza la idea que estamos plantando, la relación Padre - Niño/ Hijo. 

En aquel tiempo a los niños se les consideraba insignificantes, sin valor ni utilidad social, como personas incompletas, desplazados. En una sociedad adulto-céntrica, hacerse niño era algo impensable, pero es precisamente a quienes Jesús los tomó como paradigma para los que iban a pertenecer al Reino, para sus seguidores, y como ejemplo para el encuentro en la oración.

Lucas 10
21 En ese momento Jesús se regocijó en el Espíritu Santo, y dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque estas cosas las escondiste de los sabios y entendidos, y las revelaste a los niños. ¡Sí, Padre, porque así te agradó!

Lucas 18
15 La gente llevaba los niños a Jesús, para que él los tocara. Cuando los discípulos vieron esto, los reprendieron; 16 pero Jesús los llamó y les dijo: «Dejen que los niños se acerquen a mí. No se lo impidan, porque el reino de los cielos es de los que son como ellos. 17 De cierto les digo: el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él.»

No es muy difícil imaginarnos porque se toma al niño como modelo, veo a mi hijo Lucas, él se levanta siempre con la expectativa de que su madre esté su lado, es lo primero busca en la mañana, no agarra el celular, ni piensa en el trabajo, ni en el sermón que tiene que predicar, solo el calor de mamá, no se preocupa por lo que va a vestir ni por lo que va a comer, sabe que cada vez que tiene hambre o frió, su mamá y papá estarán ahí. Lo veo gateando por aquí y por allá, agarrando todo, pintando todo, desordenando todo, cayéndose, llorando y a los segundos riendo, no se preocupa si su ropa se mancha, o ensucia, o moje, no tiene vergüenza de presentarse ante los demás tal como es. No tiene prejuicios, ni discrimina, acepta todo lo que sus padres dispongan de él, hasta ridículos gorros abrigadores, disfraz de winnie poh, y comidas con muy poca sal y azúcar. Juan Arias agrega a este comentario que “para el niño es normal que su padre haga milagros, que sea el más poderoso, el mejor. Le parece normal ser corregido, enseñado; jamás podrá soñar que su padre se equivoque, aunque le digan cosas que le resulten misteriosas. Hará preguntas, pero terminará creyendo”.[3]  

La oración desde la niñez, nos guía no tan solo a aventarnos a los brazos de nuestro Padre, sino a encontrarnos y a ser sinceros con nosotros mismos. Es en el territorio de los niños donde no hay pretensiones de grandeza, de soberbia, ni de exigencia. Donde se desplaza nuestra mente adulta de querer tener todo controlado, previsto, estructurado, ordenado, y con miles preocupaciones. Dios sabe que tenemos necesidad, no podemos ocultarle nada, así que acerquémonos como niños, reconociendo que somos vulnerables, frágiles, sensibles, que fallamos y pecamos mucho, que no somos tan fuerte como proyectamos que somos, que no sabemos todo, y que a veces hasta dudamos. Nuestro Dios se ha mostrado como un padre afectivo, amoroso, que busca lo bueno y lo mejor para sus hijos, tal como lo dice la metáfora.




[1] Donald Carson. El Sermón del Monte.
[2] Dietrich Bonhofer. El Precio de la Gracia. 113p.
[3] Juan Arias citado por Edesio Sanchez. Seamos como Niños. 57p.

Escrito por:
Germán Casanova Villajuan
Integrante del Equipo Diálogos de Esperanza

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