Lucas 2
21 Cumplidos los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre JESÚS, el cual le había sido puesto por el ángel antes que fuese concebido. 22 Y cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor 23 (como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz será llamado santo al Señor ,24 y para ofrecer conforme a lo que se dice en la ley del Señor: Un par de tórtolas, o dos palominos.
Estos versos muestran la experiencia de unos recientes padres, María y José en dos escenas
diferentes en dos épocas de la infancia de Jesús, la primera es a los ocho días
de nacido, y la segunda a los cuarenta días de nacido.
La Circuncisión...
La ley estipulaba que a
los ocho días de nacido cada niño judío debía ser circuncidado (Levítico 12:3),
cuyo rito consistía en el corte del prepucio del genital masculino. Durante la
ceremonia el que realizaba la circuncisión decía: “Bendito el Señor nuestro
Dios, que nos ha santificado por sus preceptos y nos dio la circuncisión”. Entonces
el padre del niño decía: “Quien nos ha santificado por sus preceptos, y nos
permite introducir a nuestro niño en el pacto de Abrahám nuestro padre”.[1]
Esta práctica se remontaba hacia la época de Abraham, y representaba un
juramento externo, una señal de consagración y pertenencia al pacto que Dios
había establecido con Abraham y su descendencia, caso contrario sería “cortado” del pueblo y
puesto bajo maldición (Génesis 17). Pero, la circuncisión no tan solo representaba un rito físico para la distinción étnica, sino tenia un trasfondo religioso y
espiritual. Pablo en Romanos, la pone como un “asunto del corazón, por el
Espíritu” (Romanos 2:28-29), como una señal y sello “de la justicia por la fe”
(Romanos 4:7). Era una confesión de fe dramatizada. Es por esta razón que
encontramos tanto en el AT como el NT la denuncia sobre la incircuncisión de
los circuncidados.
El segundo episodio se
da cuando el tiempo de purificación de María había culminado. La ley también
estipulaba (Levítico 12:1-3) que cada mujer que daba a luz un hijo quedaba
impura por 7 siete días, relacionado a la pérdida de sangre, e iniciaba un
proceso de purificación de 33 días para el caso de un hijo, y para el caso de
una hija tanto el tiempo de impureza como el del proceso de purificación se
duplicaban por razones no que explica la ley. Para poder ser considerada
ceremonialmente pura, este proceso de purificación se completaba con
un sacrificio en el templo como expiación de su pecado. En este sacrificio
normalmente se ofrecían un cordero y una paloma, pero para los
pobres se le daba la opción de poder ofrecer a dos pichones de paloma, el cual es el caso de esta familia de Nazareth. Es de
esta manera que se restauraba a la comunidad religiosa y participar en las
ceremonias religiosas, como la presentación de su recién nacido.
Lucas menciona un
tercer rito que paso la familia de Nazareth, el de la consagración o redención
del primogénito (Éxodo 13:2; Números 18:16). Esta práctica se remonta a la
época de Moisés, en donde el Señor liberó al pueblo de la opresión de Egipto,
recordemos que esta se dio por la ultima plaga de la muerte de los
primogénitos. Desde entonces el Señor exigió la consagración de todo
primogénito para su servicio, pero tomo a la tribu de Levi como representante,
aun así, todo primogénito tenía que ser redimido de este servicio pagando 5
siclas al sacerdote, que son equivalente aproximadamente 3 denarios o 3 días de
trabajo, para que los padres pudieran seguir teniendo a su hijo y como
confesión que le pertenecía al Señor.
Lucas muestra al que trae el Nuevo Pacto siendo circuncidado por el Antiguo
Pacto, y al Redentor siendo redimido, el cual realza la naturaleza humana de la
encarnación. Y en este tiempo particular, a nuestro Señor, le toco ser un bebe criado por sus Padres. Con todos estos estos ritos que fue sometida voluntariamente esta
familia, se evidencia una expresión de fe a Dios de los padres, preocupados por
la crianza que debía tener su hijo. Esto solo era el inicio de toda una serie de
lecciones que la ley demandaba a los padres, y que debía continuar en el
entrenamiento en el conocimiento de Dios y sus leyes (Deuteronomio 4:9;
6:7). Esta pericopa termina indicando el éxito de su crianza y dedicación: “El
niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría, y la gracia de Dios
reposaba en él”.
Esto me hace recordar a
Martin Lutero y sus exposiciones sobre el matrimonio, el hogar y el sacerdocio
de todos los santos. Lutero rechazaba la idea de que ciertos estados de vida u
ocupaciones, fueran religiosamente superiores o más espirituales que las ocupaciones
seculares o la crianza de los hijos. Enfatizo mucho en la crianza como el centro de discipulado en el hogar: “Dios ha confiado al seno del
matrimonio las almas concebidas en su propio cuerpo, en quienes se puede
prodigar todo tipo de obras cristianas. Sin duda el padre y la madre son
apóstoles, obispos, y sacerdotes para sus hijos, ya que son ellos quienes les
hacen conoce el evangelio. En resumen, no hay autoridad más grande ni más noble
en la tierra que aquella de los padres sobre sus hijos, ya que esta autoridad
es tanto espiritual como secular”[2].
Una de las cosas que
siempre me dice el Pastor Pedro Arana [3] es que nuestra misión comienza en el
hogar, como Padres, Yessi y yo, somos responsables ante Dios por el desarrollo
integral de la vida de Luquitas, y el próximo bebe. La crianza como desarrollo integral implica una
preocupación por: satisfacer sus necesidades afectivas, su crecimiento y fortalecimiento físico, su educación para
que se llene de sabiduría, y por su discipulado para que aprenda amar tanto a Dios
como nosotros lo hacemos. Es importante recalcar dos cosas (1) que ambos padres
tenemos la responsabilidad de la crianza de nuestros hijos, no solo es la tarea
de la madre, el mandato del trabajo y la reproducción-crianza en Génesis 1 fue
para ambos en iguales condiciones por ser hechos a la imagen de Dios. (2)
Aunque en el colegio aprenden muchas cosas, y en la Escuela Biblia Familiar en
la Iglesia aprendan de Dios, no olvidemos que la responsabilidad de crianza
esta sobre nosotros los Padres, no podemos delegar todo el trabajo a otros, sino
que debemos aprender a separar tiempo, para no tan solo estar pasivamente presentes, sino comprometidos e involucrados en su desarrollo integral.
Escrito por:
Germán Casanova
Integrante de Diálogos de Esperanza
Escrito por:
Germán Casanova
Integrante de Diálogos de Esperanza

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