viernes, 20 de diciembre de 2019

LA FE DE UNOS PADRES


Lucas 2
21 Cumplidos los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre JESÚS, el cual le había sido puesto por el ángel antes que fuese concebido. 22 Y cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor 23 (como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz será llamado santo al Señor ,24 y para ofrecer conforme a lo que se dice en la ley del Señor: Un par de tórtolas, o dos palominos.
Estos versos muestran la experiencia de unos recientes padres, María y José en dos escenas diferentes en dos épocas de la infancia de Jesús, la primera es a los ocho días de nacido, y la segunda a los cuarenta días de nacido.

La Circuncisión...

La ley estipulaba que a los ocho días de nacido cada niño judío debía ser circuncidado (Levítico 12:3), cuyo rito consistía en el corte del prepucio del genital masculino. Durante la ceremonia el que realizaba la circuncisión decía: “Bendito el Señor nuestro Dios, que nos ha santificado por sus preceptos y nos dio la circuncisión”. Entonces el padre del niño decía: “Quien nos ha santificado por sus preceptos, y nos permite introducir a nuestro niño en el pacto de Abrahám nuestro padre”.[1] Esta práctica se remontaba hacia la época de Abraham, y representaba un juramento externo, una señal de consagración y pertenencia al pacto que Dios había establecido con Abraham y su descendencia, caso contrario sería “cortado” del pueblo y puesto bajo maldición (Génesis 17). Pero, la circuncisión no tan solo representaba un rito físico para la distinción étnica, sino tenia un trasfondo religioso y espiritual. Pablo en Romanos, la pone como un “asunto del corazón, por el Espíritu” (Romanos 2:28-29), como una señal y sello “de la justicia por la fe” (Romanos 4:7). Era una confesión de fe dramatizada. Es por esta razón que encontramos tanto en el AT como el NT la denuncia sobre la incircuncisión de los circuncidados.

La Redención...

El segundo episodio se da cuando el tiempo de purificación de María había culminado. La ley también estipulaba (Levítico 12:1-3) que cada mujer que daba a luz un hijo quedaba impura por 7 siete días, relacionado a la pérdida de sangre, e iniciaba un proceso de purificación de 33 días para el caso de un hijo, y para el caso de una hija tanto el tiempo de impureza como el del proceso de purificación se duplicaban por razones no que explica la ley. Para poder ser considerada ceremonialmente pura, este proceso de purificación se completaba con un sacrificio en el templo como expiación de su pecado. En este sacrificio normalmente se ofrecían un cordero y una paloma, pero para los pobres se le daba la opción de poder ofrecer a dos pichones de paloma, el cual es el caso de esta familia de Nazareth. Es de esta manera que se restauraba a la comunidad religiosa y participar en las ceremonias religiosas, como la presentación de su recién nacido.

Lucas menciona un tercer rito que paso la familia de Nazareth, el de la consagración o redención del primogénito (Éxodo 13:2; Números 18:16). Esta práctica se remonta a la época de Moisés, en donde el Señor liberó al pueblo de la opresión de Egipto, recordemos que esta se dio por la ultima plaga de la muerte de los primogénitos. Desde entonces el Señor exigió la consagración de todo primogénito para su servicio, pero tomo a la tribu de Levi como representante, aun así, todo primogénito tenía que ser redimido de este servicio pagando 5 siclas al sacerdote, que son equivalente aproximadamente 3 denarios o 3 días de trabajo, para que los padres pudieran seguir teniendo a su hijo y como confesión que le pertenecía al Señor.

Lucas muestra al que trae el Nuevo Pacto siendo circuncidado por el Antiguo Pacto, y al Redentor siendo redimido, el cual realza la naturaleza humana de la encarnación. Y en este tiempo particular, a nuestro Señor, le toco ser un bebe criado por sus Padres. Con todos estos estos ritos que fue sometida voluntariamente esta familia, se evidencia una expresión de fe a Dios de los padres, preocupados por la crianza que debía tener su hijo. Esto solo era el inicio de toda una serie de lecciones que la ley demandaba a los padres, y que debía continuar en el entrenamiento en el conocimiento de Dios y sus leyes (Deuteronomio 4:9; 6:7). Esta pericopa termina indicando el éxito de su crianza y dedicación: “El niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría, y la gracia de Dios reposaba en él”.

Esto me hace recordar a Martin Lutero y sus exposiciones sobre el matrimonio, el hogar y el sacerdocio de todos los santos. Lutero rechazaba la idea de que ciertos estados de vida u ocupaciones, fueran religiosamente superiores o más espirituales que las ocupaciones seculares o la crianza de los hijos. Enfatizo mucho en la crianza como el centro de discipulado en el hogar: “Dios ha confiado al seno del matrimonio las almas concebidas en su propio cuerpo, en quienes se puede prodigar todo tipo de obras cristianas. Sin duda el padre y la madre son apóstoles, obispos, y sacerdotes para sus hijos, ya que son ellos quienes les hacen conoce el evangelio. En resumen, no hay autoridad más grande ni más noble en la tierra que aquella de los padres sobre sus hijos, ya que esta autoridad es tanto espiritual como secular”[2].

Una de las cosas que siempre me dice el Pastor Pedro Arana [3] es que nuestra misión comienza en el hogar, como Padres, Yessi y yo, somos responsables ante Dios por el desarrollo integral de la vida de Luquitas, y el próximo bebe. La crianza como desarrollo integral implica una preocupación por: satisfacer sus necesidades afectivas, su crecimiento y fortalecimiento físico, su educación para que se llene de sabiduría, y por su discipulado para que aprenda amar tanto a Dios como nosotros lo hacemos. Es importante recalcar dos cosas (1) que ambos padres tenemos la responsabilidad de la crianza de nuestros hijos, no solo es la tarea de la madre, el mandato del trabajo y la reproducción-crianza en Génesis 1 fue para ambos en iguales condiciones por ser hechos a la imagen de Dios. (2) Aunque en el colegio aprenden muchas cosas, y en la Escuela Biblia Familiar en la Iglesia aprendan de Dios, no olvidemos que la responsabilidad de crianza esta sobre nosotros los Padres, no podemos delegar todo el trabajo a otros, sino que debemos aprender a separar tiempo, para no tan solo estar pasivamente presentes, sino comprometidos e involucrados en su desarrollo integral.

Escrito por: 
Germán Casanova 
Integrante de Diálogos de Esperanza




[1] Fred Wight. Usos y Costumbres de las Tierras Bíblicas. 113p.
[2] Luther Works. Tomo 45. Pagina 46.
[3] De la Iglesia Presbiteriana de Pueblo Libre, Lima, Perú.

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