lunes, 4 de marzo de 2019

RELACIÓN ENTRE POLÍTICA Y CRISTIANISMO



Comentario al Libro Reino, Política y Misión del Dr. Alberto Roldán de Ediciones Puma.

Paul Lehmann, en su libro “La ética en el contexto cristiano”, hacía notar que si entendemos la política como “mantener humana la vida humana” entonces “Dios es un político y lo que ha estado haciendo en la historia es hacer política”. Ciertamente esto es así en tanto que la acción de Dios en Cristo fue y sigue siendo humanizar al hombre; tal humanización, a su vez, es el objeto de la política, entendida en su sentido clásico aristotélico. Siendo esto así, el cristiano estaría llamado, en resumen, a hacer política. No obstante, muchos levantan una ceja cuando se dice que la iglesia deba participar en ese ámbito. No solo porque algunos consideran que la misión de esta se circunscribe únicamente a la evangelización y al discipulado sino también por la mala experiencia que tuvieron algunos congresistas “evangélicos” en la década del 90 que pasaron de ser “la reserva moral del país” a unos “tontos útiles” del régimen. El libro Reino, política y misión del Dr. Alberto Roldán da herramientas para entender cómo se perfila la relación entre iglesia y política y ayuda a “marcar la cancha” de una correcta praxis cristiana en el terreno político. A continuación, esbozaré algunas ideas-fuerza desarrolladas en el autor:
Primero, la participación de los cristianos en la política se enmarca en algo mayor: el Reino de Dios. Simplificando la discusión alrededor de este concepto, podemos decir que el Reino está estrechamente ligado a ciertos valores como la justicia, la paz y el gozo (Ro. 14:17) e implica la acción de Dios en la historia; eliminando su corruptibilidad, debilidad y ambigüedad. La iglesia no puede “privatizar” estas promesas escatológicas, al contrario, le obligan incesantemente a la responsabilidad social.
Segundo, la iglesia no puede tomar una actitud indiferente hacia la política. Debe estar comprometida con que por medio de la misma se alcancen los valores del Reino. La actitud pasiva, por otro lado, paradójicamente también es política: la iglesia indiferente se constituye como bastión de defensa del orden establecido. ¿Cómo debemos involucrarnos? Ya Calvino decía que la iglesia debía orar por sus autoridades y controlar que estas no abusen de su poder. En la actualidad, algunos autores como Julio de Santana establecen que la iglesia puede trabajar con otros movimientos sociales que también luchen por la justicia y la paz, aunque no estén inspiradas en el Reino de Dios. Otros como Johann Baptist Metz establecen que la iglesia debe ser una institución portadora de crítica a la sociedad. Aunque sean muchas las posturas que definan cómo debe ser esta relación, definitivamente la indiferencia debe ser dejada de lado.

Tercero, la participación de la iglesia en política no implica que esta necesariamente deba identificarse con una teoría de la justicia (marxismo, liberalismo, comunitarismo, etc.) o un modelo de Estado particular (monarquía, democracia, aristocracia, etc.). La iglesia no debería defender a ultranza ninguna de estas ni tampoco está en condiciones de sentar una teoría cristiana del Estado justo. A lo sumo, debe evaluar las contribuciones que puedan hacer estas teorías a los valores del Reino (justicia, libertad, fraternidad, trabajo, gozo, etc.) y buscar la cooperación con los grupos que las adscriban, pero no la identificación con ninguno. Por otro lado, como dichos valores pertenecen también al lenguaje universal, puede darse que ciertas expresiones de los mismos no necesariamente vayan acorde a los principios del Reino. Cada situación histórica y cultual amerita discernir de qué justicia, paz, alegría se está hablando.
Es necesario mencionar que el libro no ahonda en el significado de "política" más allá de la definición de "humanizar al hombre". El planteamiento tampoco es sistemático. Realiza, más que todo, un recuento de lo dicho por autores como Paul Lehmann, Walter Rauschenbush, Wolfhart Pannenberg, Jurgen Moltman, Jon Sobrino, Miguez Bonino, Karl Barth, Carl Schmitt, Johann Baptist Metz, entre otros. Aun así, es un buen libro para aquel que recién se esté introduciendo en el tema. Finalmente, hay que recalcar que lo escrito por Roldan no se agota en la mera discusión del café, sino que llama a la acción pues, en palabras del Miguez Bonino ´´El reino no es un objeto a conocer sino un llamado, una convocación, una presión que impulsa´´. 
Nada que sea humano es ajeno al cristianismo.
Escrito por:
Alejandro Silva Cárdenas
Integrante del Equipo de Diálogos de Esperanza

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