Comentario al Libro El Mensaje del profeta Oseas escrito por el Dr. Milton A. Acosta de Ediciones Puma.
Esta sección
la desarrollare tal como se dio en la sesión, a base de preguntas que uno de los
participantes del grupo, Alejandro Silva, formulo para la Introducción del libro. A continuación, sintetizare lo dialogado incluyendo
algunos aportes para la reflexión.
¿Qué se
opina sobre la frase “No solo necesitamos saber la historia de la corrupción
sino sentirla?
Agregarle sentimiento al
conocimiento es el inicio de convertir la lucha de la corrupción en una lucha
personal. La corrupción no es solo un escándalo mediático que vemos en las
noticias, que al parecer nada tiene que ver con nosotros. Sí nos afecta porque estamos insertos, viviendo y desarrollándonos en este sistema. Esto no significa, que solo reaccionaremos en la medida en que
seamos conscientes de que nos afecta, sino porque afecta a nuestro
prójimo, del cual la Biblia nos demanda amar, en especial a los más vulnerables
y desprotegidos de nuestra sociedad, y que precisamente se mantienen en tal situación por el sistema corrupto en que estamos. Es por esta razón que, la
corrupción es considerada un crimen de lesa humanidad por el efecto pernicioso social
que produce, manifestándose en forma de atraso, pobreza y muerte. El Dr. Milton enfatiza en el efecto
mortal, por ser sigiloso y no medible, por todo lo que
pudo haberse realizado a favor de la sociedad, pero no se hicieron (¡y no por
falta de presupuesto!). Por ejemplo, centros de salud, implementación
tecnológica, medicinas, facilidades de movilización de pacientes, extensión de
carreteras, señalización, puentes, infraestructuras en general, entre otros.
Muchas muertes pudieron haberse evitado. Cómo no sentir la gravedad de la
corrupción cuando año tras año vemos en las noticias a niños muriendo por el
friaje en el sur del Perú, no es novedad esta problemática. Cómo no sentir la
gravedad de la corrupción al escuchar cada audio publicado cada semana en donde
los agentes de justicia de nuestra nación son los principales promotores de
injusticias y criminalidades.
Después de la entrada triunfal en
Jerusalén, Jesús hizo una pausa y miro la sociedad y lloro, ¿Cómo reaccionamos
nosotros al ver nuestra sociedad afectada por la corrupción?
¿Se
considera que la Iglesia puede hacer algo contra la corrupción?
La corrupción es un problema moral en
la sociedad, y tal como lo dice Raúl Zaldivar es un “pecado social”. Dios no es indiferente a los efectos sociales del
pecado, este mundo le pertenece y está atento a cada detalle de su historia,
como nos enseña Oseas, Amos, Miqueas, entre otros. Dios aborrece la corrupción
porque sus efectos son diametralmente opuestos a los valores de su Reino. Dios ha irrumpido la historia
humana, y con su Hijo Jesucristo inauguró el plan de establecimiento de su
Reino (que llegará a su clímax al retorno del Justo). La iglesia como comunidad
de aquel Reino está llamada a alinear su obrar a esta misión divina. Por tanto, la
pregunta no debería ser si se considera que la iglesia puede hacer algo. La
iglesia no puede quedarse callada e indiferente, tiene la obligación de ser una
voz crítica continuando el ministerio de los profetas del AT.
Jorge Atiencia en su libro Victoria sobre la Corrupción, invita a
los lectores a combatirla de forma contundente, reemplazándola con el amor
cristiano: “Este amor sostiene al débil,
ocupa al desocupado, incorpora al marginado, sana al herido, reduce al violento,
disciplina al abusador”. En la revista Iglesia y Misión, Rene Padilla, expone otra forma en que la Iglesia
puede enfrentar la corrupción, enfatizando en el sacerdocio de todos los
santos. Aquí se está rescatando lo tratado por los reformadores siglos atrás,
en donde ve nuestras vocaciones como parte de nuestra expresión de fe. Estemos donde estemos, ocupemos el puesto que ocupemos, y en cada situación que
nos encontremos en el mundo, es donde tenemos que mostrar nuestra ética
protestante. ¡Corem Deo!
¿Por
qué no se habla de la corrupción en los púlpitos o en los seminarios?
No podemos generalizar los motivos
entre las diversas denominaciones, pero podemos concluir que es por falta de
conocimiento de las demandas bíblicas o una distorsión de ellas. Entre estos
motivos están los siguientes:
- Una deficiente teología de la
misión de la iglesia. Hasta en la actualidad existen iglesias que sostienen que
la misión de la iglesia se circunscribe únicamente en la evangelización. Ésta realmente es
parte importante de la misión de la iglesia, pero no es el único propósito por
el cual la iglesia se agota. Un estudio de la misión de Jesús en los Evangelios, nos enseña claramente que no tan solo
evangelizaba, sino sanaba y atendía a los enfermos, liberada a los oprimidos por los demonios, alimentaba,
extendía su mano y abrazaba al marginado de la sociedad, ayudaba sin
discriminación ni prejuicios sociales de sexo o raza, denunciaba la corrupción
del sistema religioso, entre otras actividades. Los evangelios fueron escritos para la iglesia ya formada para aclarar su misión, como continuación del obrar de Cristo. Para más información se puede investigar la teología de la Misión Integral.
- La promoción de un eclesiocentrismo
institucionalizado. Esto es, un desarrollo teologico no alrededor de Dios
sino de una institución, enfatizando en que la espiritualidad se mide en
términos de lo que se puede hacer a favor de la institución, involucramiento de
sus actividades, fiel asistencia y su fiel aporte económico. El eclesiocentrismo reduce
el reino de Dios y lo encajona a las paredes de un templo, limiitando el amor
al prójimo a la comunidad de la institución.
- La promoción de una experiencia
de salvación individualista. Se ha “espiritualizado” el mensaje de la salvación
en términos de una preocupación por la salvación y las obras personales. Lo
cual es en parte cierto, sin embargo, la Biblia enfatiza más el trato divino en
un contexto comunitario y social: “no es
bueno que hombre este solo”, “Ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios”,
“Padre Nuestro”, “el cuerpo de Cristo”, etc. La iglesia es esencialmente
una comunidad, haciendo del cristianismo un asunto personal y a la vez
colectivo. La Biblia nos invita a pensar en términos comunitarios y
sociales en relación al Reino y la salvación.
¿Podemos
decir que la metáfora del matrimonio entre Oseas y Gomer es actual? Observar la
descripción de Oseas 2:2-4
El problema de la metáfora es que
resulta bastante violenta (“la
despojare de sus ropas”, “dejare que muera de sed”, “la cercare con espinos”,
“cerrare su paso para que se pierda”, etc.). Su fin es forzar a la mujer a
regresar tratándola mal. Lo incomodo es que no tan solo representa un cuento
trágico, sino lo que el profeta Oseas estaba experimentando con su esposa, representando a Dios. El Dr. Milton señala una serie de asuntos
problemáticos adicionales que representa el uso metáfora en la actualidad: (1)
Presupone un cierto lugar social de la mujer de ese entonces, (2) la
dependencia radical de la mujer de la provisión del hombre, (3) el calificativo
de prostituta, (4) no se pregunta sobre los deseos de reconciliación de la
mujer, (5) el hombre representa la justicia y la mujer la maldad, (6) se
cuestiona si la designación de Israel como mujer ya es un insulto de por sí, (7)
El uso de una situación matrimonial problemática para comunicar el mensaje de
Dios.
El Dr. Milton, con su experticia en
interpretación del Antiguo Testamento, nos recuerda que “toda metáfora tiene sentido en un contexto histórico y sociocultural específicos”.
Por lo tanto, una posible solución es “separar
el mensaje del empaque”, el empaque no es parte del mensaje, por lo que no
se puede tomar para justificar algún tipo de violencia y abuso contra la mujer.
La metáfora de Oseas es tan
chocante como escandaloso, y a la vez tan doloroso y con mucha carga
sentimental. Pero tal vez, tan necesario, así como el mensaje de Natán que escandalizo
a David, para que produzca el mismo efecto en Israel encontrándose en el camino
que la prostituta que le indignaba y molestaba era Israel mismo. La corrupción
de sus instituciones había llegado al tal grado, que el mensaje de Dios tenía
que ser dado de esta forma como “último
recurso de la comunicación cuando al pueblo de Israel se le ha dicho de todo de
muchas maneras y se ha resistido a escuchar”. De esta manera, el Dr. Milton
concluye que la metáfora “deja a Dios en
una situación indigna: casado con una prostituta. Pero parece que Él está
dispuesto a correr el riesgo de ser malinterpretado con tal de mostrarle a
Israel su condición y el amor que le tiene”.
Escrito por:
Germán Casanova
Integrante del Equipo de Diálogos de Esperanza

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