martes, 5 de marzo de 2019

INTRODUCCIÓN AL LIBRO DE OSEAS




Comentario al Libro El Mensaje del profeta Oseas escrito por el Dr. Milton A. Acosta de Ediciones Puma.

Esta sección la desarrollare tal como se dio en la sesión, a base de preguntas que uno de los participantes del grupo, Alejandro Silva, formulo para la Introducción del libro. A continuación, sintetizare lo dialogado incluyendo algunos aportes para la reflexión.

¿Qué se opina sobre la frase “No solo necesitamos saber la historia de la corrupción sino sentirla?
Agregarle sentimiento al conocimiento es el inicio de convertir la lucha de la corrupción en una lucha personal. La corrupción no es solo un escándalo mediático que vemos en las noticias, que al parecer nada tiene que ver con nosotros. Sí nos afecta porque estamos insertos, viviendo y desarrollándonos en este sistema. Esto no significa, que solo reaccionaremos en la medida en que seamos conscientes de que nos afecta, sino porque afecta a nuestro prójimo, del cual la Biblia nos demanda amar, en especial a los más vulnerables y desprotegidos de nuestra sociedad, y que precisamente se mantienen en tal situación por el sistema corrupto en que estamos. Es por esta razón que, la corrupción es considerada un crimen de lesa humanidad por el efecto pernicioso social que produce, manifestándose en forma de atraso, pobreza y muerte. El Dr. Milton enfatiza en el efecto mortal, por ser sigiloso y no medible, por todo lo que pudo haberse realizado a favor de la sociedad, pero no se hicieron (¡y no por falta de presupuesto!). Por ejemplo, centros de salud, implementación tecnológica, medicinas, facilidades de movilización de pacientes, extensión de carreteras, señalización, puentes, infraestructuras en general, entre otros. Muchas muertes pudieron haberse evitado. Cómo no sentir la gravedad de la corrupción cuando año tras año vemos en las noticias a niños muriendo por el friaje en el sur del Perú, no es novedad esta problemática. Cómo no sentir la gravedad de la corrupción al escuchar cada audio publicado cada semana en donde los agentes de justicia de nuestra nación son los principales promotores de injusticias y criminalidades.
Después de la entrada triunfal en Jerusalén, Jesús hizo una pausa y miro la sociedad y lloro, ¿Cómo reaccionamos nosotros al ver nuestra sociedad afectada por la corrupción?

¿Se considera que la Iglesia puede hacer algo contra la corrupción?
La corrupción es un problema moral en la sociedad, y tal como lo dice Raúl Zaldivar es un “pecado social”. Dios no es indiferente a los efectos sociales del pecado, este mundo le pertenece y está atento a cada detalle de su historia, como nos enseña Oseas, Amos, Miqueas, entre otros. Dios aborrece la corrupción porque sus efectos son diametralmente opuestos a los valores de su Reino. Dios ha irrumpido la historia humana, y con su Hijo Jesucristo inauguró el plan de establecimiento de su Reino (que llegará a su clímax al retorno del Justo). La iglesia como comunidad de aquel Reino está llamada a alinear su obrar a esta misión divina. Por tanto, la pregunta no debería ser si se considera que la iglesia puede hacer algo. La iglesia no puede quedarse callada e indiferente, tiene la obligación de ser una voz crítica continuando el ministerio de los profetas del AT.
Jorge Atiencia en su libro Victoria sobre la Corrupción, invita a los lectores a combatirla de forma contundente, reemplazándola con el amor cristiano: “Este amor sostiene al débil, ocupa al desocupado, incorpora al marginado, sana al herido, reduce al violento, disciplina al abusador”. En la revista Iglesia y Misión, Rene Padilla, expone otra forma en que la Iglesia puede enfrentar la corrupción, enfatizando en el sacerdocio de todos los santos. Aquí se está rescatando lo tratado por los reformadores siglos atrás, en donde ve nuestras vocaciones como parte de nuestra expresión de fe. Estemos donde estemos, ocupemos el puesto que ocupemos, y en cada situación que nos encontremos en el mundo, es donde tenemos que mostrar nuestra ética protestante. ¡Corem Deo!

¿Por qué no se habla de la corrupción en los púlpitos o en los seminarios?
No podemos generalizar los motivos entre las diversas denominaciones, pero podemos concluir que es por falta de conocimiento de las demandas bíblicas o una distorsión de ellas. Entre estos motivos están los siguientes:
- Una deficiente teología de la misión de la iglesia. Hasta en la actualidad existen iglesias que sostienen que la misión de la iglesia se circunscribe únicamente en la evangelización. Ésta realmente es parte importante de la misión de la iglesia, pero no es el único propósito por el cual la iglesia se agota. Un estudio de la misión de Jesús en los Evangelios, nos enseña claramente que no tan solo evangelizaba, sino sanaba y atendía a los enfermos,  liberada a los oprimidos por los demonios, alimentaba, extendía su mano y abrazaba al marginado de la sociedad, ayudaba sin discriminación ni prejuicios sociales de sexo o raza, denunciaba la corrupción del sistema religioso, entre otras actividades. Los evangelios fueron escritos para la iglesia ya formada para aclarar su misión, como continuación del obrar de Cristo. Para más información se puede investigar la teología de la Misión Integral. 
-  La promoción de un eclesiocentrismo institucionalizado. Esto es, un desarrollo teologico no alrededor de Dios sino de una institución, enfatizando en que la espiritualidad se mide en términos de lo que se puede hacer a favor de la institución, involucramiento de sus actividades, fiel asistencia y su fiel aporte económico. El eclesiocentrismo reduce el reino de Dios y lo encajona a las paredes de un templo, limiitando el amor al prójimo a la comunidad de la institución.
- La promoción de una experiencia de salvación individualista. Se ha “espiritualizado” el mensaje de la salvación en términos de una preocupación por la salvación y las obras personales. Lo cual es en parte cierto, sin embargo, la Biblia enfatiza más el trato divino en un contexto comunitario y social: “no es bueno que hombre este solo”, “Ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios”, “Padre Nuestro”, “el cuerpo de Cristo”, etc. La iglesia es esencialmente una comunidad, haciendo del cristianismo un asunto personal y a la vez colectivo. La Biblia nos invita a pensar en términos comunitarios y sociales en relación al Reino y la salvación.

¿Podemos decir que la metáfora del matrimonio entre Oseas y Gomer es actual? Observar la descripción de Oseas 2:2-4
El problema de la metáfora es que resulta bastante violenta (“la despojare de sus ropas”, “dejare que muera de sed”, “la cercare con espinos”, “cerrare su paso para que se pierda”, etc.). Su fin es forzar a la mujer a regresar tratándola mal. Lo incomodo es que no tan solo representa un cuento trágico, sino lo que el profeta Oseas estaba experimentando con su esposa, representando a Dios. El Dr. Milton señala una serie de asuntos problemáticos adicionales que representa el uso metáfora en la actualidad: (1) Presupone un cierto lugar social de la mujer de ese entonces, (2) la dependencia radical de la mujer de la provisión del hombre, (3) el calificativo de prostituta, (4) no se pregunta sobre los deseos de reconciliación de la mujer, (5) el hombre representa la justicia y la mujer la maldad, (6) se cuestiona si la designación de Israel como mujer ya es un insulto de por sí, (7) El uso de una situación matrimonial problemática para comunicar el mensaje de Dios. 
El Dr. Milton, con su experticia en interpretación del Antiguo Testamento, nos recuerda que “toda metáfora tiene sentido en un contexto histórico y sociocultural específicos”. Por lo tanto, una posible solución es “separar el mensaje del empaque”, el empaque no es parte del mensaje, por lo que no se puede tomar para justificar algún tipo de violencia y abuso contra la mujer.
La metáfora de Oseas es tan chocante como escandaloso, y a la vez tan doloroso y con mucha carga sentimental. Pero tal vez, tan necesario, así como el mensaje de Natán que escandalizo a David, para que produzca el mismo efecto en Israel encontrándose en el camino que la prostituta que le indignaba y molestaba era Israel mismo. La corrupción de sus instituciones había llegado al tal grado, que el mensaje de Dios tenía que ser dado de esta forma como “último recurso de la comunicación cuando al pueblo de Israel se le ha dicho de todo de muchas maneras y se ha resistido a escuchar”. De esta manera, el Dr. Milton concluye que la metáfora “deja a Dios en una situación indigna: casado con una prostituta. Pero parece que Él está dispuesto a correr el riesgo de ser malinterpretado con tal de mostrarle a Israel su condición y el amor que le tiene”.

Escrito por:
Germán Casanova
Integrante del Equipo de Diálogos de Esperanza

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